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25 enero 2026
Horas y horas de tren. Hay un poso de tristeza en sus ojos. Pasajeros que hacen muchos años el mismo recorrido. Salen de sus casas con la noche aun vertiéndose. Llegan a la fría estación de invierno que colma la llanura de viento. Su ordenador al hombro, el aire lleno de colonias lentas, el abrigo bien apretado, los ojos casi cerrados, mirando ya la gran ciudad que tuvo a bien ofrecer un trabajo. En los viejos tiempos el tren siempre llegaba a su hora. En los primeros años brillaban las conversaciones al amanecer, en general sobre el trabajo, los mismos compañeros de siempre, las mismas farolas tímidas, el brote de luz de la gasolinera al fondo. La misma conversación que se pierde en el murmullo. El tiempo está detenido en todas esas horas de viaje. La epifanía de la espera doma el carácter. El otro día en el alba había un silencio distinto. Cuando el cielo rompía en rojo y llegaba el tren todos los pasajeros llevaban en el rostro un sentimiento, un pensamiento para los que murieron, compañeros en el trasiego de ir venir a la gran ciudad, en matar el tiempo a veces, sobre todo a la vuelta, ensimismados en el paisaje que pasa como una sombra. Una sombra que pasa. Una sombra móvil. Las luces lejanas de los pequeños pueblos también, algunos en la falda de una montaña que reina confundida la llanura. Es la primera vez que la fatalidad tiene frío, muerte y sangre. Hasta ahora la incomodidad era aumentar la espera hasta la extenuación, algunas veces horas esperando el tren, otras paradas en el camino interminables, multitudes hacinadas en la estaciones mientras un robot de acento árido dice fallo mecánico. Ahora no, ahora la tragedia y solo pensar como pudo ser el envite y la extorsión de los hierros, con la gente dentro, gritando, doliéndose, ese infierno inesperado es inimaginable. Hoy el tren solo lleva un retraso de veinte minutos. Abrigados por el silencio nos metemos dentro buscando nuestros asientos, abriendo el ordenador, esperando que se mueva y llegue sin problemas a la gran ciudad. Cuando se aleja de la llanura ya es de día. Cuando llega a la estación el sol domina la niebla. Es un día más, un viaje más, un silencio más perdido en la gran urbe.
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Colaborador Mediaset: proyectos España mira a La Meca, Quijotes del siglo XXI y tertuliano en Cuatro al día y La Mirada Crítica de Telecinco
Colaborador en Telemadrid: tertuliano en 120 minutos
Columnista del diario Marca
Columnista grupo de diarios Promecal (Castilla-La Mancha, Castilla y León y La Rioja)
Colaborador en TVE1: tertuliano en Mañaneros 360
Director de Fenavin, Fería Nacional del Vino.