
25/07/2010 |
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SANOS |
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El gran cicerón lo dijo. La retórica refleja lo superficial. Pero la paradoja se aloja en la esencia de las cosas, las define. Y pocas verdades he visto tan ciertas como ésta. Podría dar montones de ejemplos. Pero ahora, si uno quiere ver la suma paradoja, que eche un vistazo a los periódicos de ayer. No saldrá de su asombro. Resulta que esta crisis es por un despelote financiero. Resulta que fueron los bancos quienes nos llevaron a esta época de angustia, sobre todo, al no controlar sus riesgos prestatarios. Resulta que los bancos cayeron en manos de la euforia, y producto de esa insensatez, llevaron a medio mundo a la quiebra. Y mira por donde, resulta que si uno observa sus balances ve que el sector financiero es el más saneado. Increíble, se han comido su enfermedad en unos cuantos meses. Los más malos son ahora los más sanos. Y no me vale el argumento de que se han puesto recursos públicos, porque lo razonable, después de tantos estropicios, habría sido que casi la mitad de ellos se hubiesen ido por las alcantarillas, y que su ausencia fuese llenada por los que gestionaron las cosas con orden. Pero después de todo, y aunque Obama firme una ley controladora, aquí están ellos, tranquilitos y como si nada hubiese pasado. Nada, tres o cuatro fusioncillas, algunos cambios en las cajas, más policía financiera, y a seguir como siempre. Los ves en la foto y parece que la cosa no va con ellos. Estos disimulan como nadie. Pero según dicen economistas como Berzosa o Eladio Gutiérrez, que nadie se crea que se le ha puesto el bozal al fiero mercado. Porque cuando más despistados estemos volverán a lo mismo. Y aunque los estados se adapten a las reglas de los inversores, cuando les interese, volverán a crear una crisis para forrarse los bolsillos. Aparecerán otra vez como los bomberos del incendio que han creado. Que me diga alguien si ésta no es una paradoja que asombraría hasta al mismo Cicerón.
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| La gloria al rojo vivo. Diario de una proeza |
| [Eneida] |
| ISBN 978-84-92941-72-8 |
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PRÓLOGO
La historia más feliz jamás contada
Tal vez sea porque el mundo es como un balón gigante, en el que cada uno jugamos un partido vital, la única forma de entender qué extraños mecanismos convierten el fútbol en un maravilloso del... |
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