04/06/2016

EL MAR DE LA MUERTE

Solo dos linajes existen amigo Sancho, le dice don Quijote al gordo escudero, y son el de tener y el de no tener. En esta sabia sentencia cervantina encuentro vital sociología de la época, un mundo en el que se concentran las viejas clases sociales (proletariado y burguesía) en dos únicos bloques compuestos por harapientos o saciados, los que tienen futuro y los que solo tienen pasado porque en el futuro es difícil vislumbrar la virtud de la caridad en nuestro egoísta bloque. Y eso que día a día los medios nos lanzan verdaderos punch directos a la mandíbula con todas las terribles historias de los refugiados y emigrantes. El mar de la mitología, de los poemas vibrantes y bellos de Ramón Llull o Ausias March, de las canciones gozosas de Serrat y Raimon, se ha convertido en el silencio de la laguna Estigia adonde van los que ya no existen buscando su próximo destino. Los barcos pesqueros han cambiado su cargamento por carne humana que huye del dolor, por desgracia para encontrar demasiadas veces otro dolor más cierto.

Es una ruta que comienza en Libia o en Egipto. Cruza las aguas azules bajo el calor del verano precipitado y llega a un puerto de muerte que la falta de pericia de los navegantes, o el exceso de pasajeros, convierte en estación de la muerte. Hay embarcaciones que se van hundiendo poco a poco por el peso de 600 migrantes, aguantado hasta que se produce el naufragio masivo. Frente a la costa de Libia el mar engulló en dos naufragios a 880 personas, cientos de sueños y de heridas navegando por las aguas que comunican con el Hades.

La UE se ha convertido en un cuadro macroeconómico. Los funcionarios (y políticos funcionarios) van ordenando las cifras para que encajen las cuentas, y a la vez crean un paraíso irreal lleno de números que alimenta sus cerebros y poco a poco vacía su corazón. Después de que apareció aquel niño helado en la playa, triste imagen que removió la angustia en nuestros estómagos satisfechos, los líderes europeos se tiraron al monte declarando solidaridad a borbotones. Pero a la hora de la verdad cientos de miles de habitantes del linaje de no tener esperan en una estación en el desierto que el gran portalón se abra.

La sabiduría de ese genio que tanto transitó La Mancha parece no tener límite. Pues de cuantas divisiones hagamos ninguna superará a los dos linajes del Quijote. El gran Vázquez Montalbán llamaba al triste linaje del no tener el de los sumergidos. Qué amarga anticipación a la voracidad de esa garganta del mar. Pues por sus cavernas oscuras se pierden los sueños, y por su vasto cristal azul emergen los pobres viajeros como recuerdos de un mundo injusto, poco solidario, ajeno al drama de los buscadores de esperanza.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 03:12h.