06/03/2016

PUENTE SOBRE AGUAS TURBULENTAS

Llegando a Ciudad Real por la carretera del este, al atardecer, el horizonte lejano se ve de un blanco destellante. Las pocas nubes que van muy extendidas en su viaje parece que tienen luces adentro, luces blancas que preludian el maravilloso atardecer que comenzará cuando el sol se pierda por el monte pardo de Almodóvar y Puertollano. Las puertas silenciosas del valle de Alcudia están al fondo. Los pinares de Cuenca y las zonas húmedas de Albacete se quedaron mirando a Valencia. El viento fuerte del camino me recuerda que hemos vivido una semana turbulenta. En mi radio ya no suenan los comentarios de los partidos. Que maravilloso silencio cuando se callan esos locutores que gritan como posesos. Ahora escucho la más hermosa canción de Simón y Garfunkel, Puente sobre aguas turbulentas. El ruido del automóvil se esconde bajo los primeros sones del piano. Son decididos y bellísimos. Captan la belleza del cielo y muestran la humanidad de la tierra.

Cuando te sientas pequeño, cuando haya lágrimas en tus ojos, yo las secaré todas, dice con algo de melancolía, pero dejando en el aire una esperanza que solo existe porque existe la belleza. Esa canción es prueba irrefutable. Cuando te encuentres perdido, cuando la noche caiga sin piedad, yo te consolaré, dice Garfunkel con su voz limpia y melódica. Cuando llegue la oscuridad y te envuelvan las penas, como un puente sobre aguas turbulentas me desplegaré, repiten en un estribillo que va directo al corazón y lo deja embebido de alma. Llego a Ciudad Real y el atardecer se pierde por lo oscuro del horizonte. El estribillo sigue saltando por mi mente como un duende misterioso. Si necesitas un amigo yo navego tras de ti. Como un puente sobre aguas turbulentas aliviaré tu cabeza, expresan las voces en una conjunción increíble con la música del piano. Llegó a casa y la canción se pierde por la soledad del pasillo.

Pero no puedo dejar de pensar en que vivimos en aguas turbulentas. La semana pasada casi nadie ayudó a tender un puente para cruzarlas. Al contrario, una riada de egoísmo avanzó por el parlamento. Al menos Sánchez y Rivera han construido un puente sobre las aguas turbulentas de la política española. El esfuerzo en sí ya es loable. Pero ese esfuerzo ha recibido como respuesta la ironía macabra de Rajoy, el zarpazo lleno de soberbia de Pablo Iglesias, además del desprecio a González, aún en el corazón de muchos socialistas, y la visión egoísta, o egocéntrica, de los nacionalistas, cuyo único objetivo es la defensa de su aldea. Un solo voto de Coalición Canaria ayudó a ese puente. Hacen falta más manos para construirlo. Si no es así y continua tanto egoísmo y tanto cálculo electoral, corremos el riesgo de que las aguas turbulentas de la política nos arrastren hacia un mar lleno de tiburones.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 03:12h.