19/12/2015

INFELIZ AÑO VIEJO

El amargo turrón de 2014 le sentó al Madrid como una piedra en la garganta. "Annus horribilis" ha dicho Florentino al micrófono queriendo denominar las sombras. Benítez tiene sus reglas, y sus axiomas, y parece que en el Madrid hay un chispazo que surge en el campo cuando los ajustes fallan. La gente, los jugadores, muchos periodistas, añoran a Ancelotti. Según Tony Kross el italiano rebosaba cariño en el abrazo e inteligencia en la táctica. Cristiano lo ve como a un gran oso genial y sensible mientras Florentino, amasando razones, repasa la flojera que acuna al Madrid en este año malvado.

Vendrá la primavera, vendrán otros tiempos, vendrá otro entrenador. En el Madrid siempre está viniendo otro entrenador. Pero ahora el presidente sostiene otro cuerpo de oso que Cristiano no ve genial ni sensible, el de Benítez. Y a la vez, frente al micrófono confesionario, destapa la palabra "horribilis" y recuerdo el estupor en el rostro de la reina Isabel, cuando su monarquía se debilitaba frente al destello azul de los ojos tristes de Diana, o aquel 1992 en el que el castillo de Windsor se incendió y sobrevivía acosada por divorcios reales.

Y también fue "annus horribilis" 1870, cuando la Iglesia Romana definió el dogma de la infalibilidad papal. Este es poder que el presidente del Madrid no tiene. Si algo está exento de infalibilidad es el complejo y sorpresivo fútbol, incierto tantas veces cuando parece dominar la certeza.

Ya casi estamos en la invisible frontera de otro año. Parece que Benítez seguirá sujetando, o intentando sujetar, las bridas del equipo. Aunque si este nuevo año no se convierte en "annus mirabilis", de las maravillas, presiento que el gran Zidane se hará cargo del equipo al menos unos meses. Quizá hasta que pueda la tormenta devolvernos a Mourinho. El presidente es mourinhista. En el Madrid el mourinhismo resiste. El tiempo es una venda que cura las heridas.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/01/2022 a las 09:01h.