25/07/2015

LA TEORÍA DEL ORDEN

Casi cien mil almas vieron en Australia a un Madrid ordenado, serio, eficaz, estructurado en el campo con la geometría del equilibrio. Rafa Benítez movía los brazos en su banda ajustando las piezas. Sentí que quería acercarse a aquel universo de egos coordinados que creo el inmenso Sacchi. Hacía tiempo que no veíamos a un Madrid sin sufrir tanto, sin partirse entre los que se van a por uvas y los que se quedan cuidando que nadie robe las cestas. La teoría de Benitez, la teoría del orden, puede funcionar. Solo es necesario que las estrellas sepan que tocan en una orquesta en la que el solista sobresale arropado por el conjunto, que vibra en una belleza conseguida entre muchos, que disfruta cuando su música suelta la inspiración en una oleada de instrumentos.

Leo un libro de Henry Miller, "Inmóvil como el colibrí", en el que dice que "el lenguaje del individuo creativo es la libertad". Pero en muchos de sus textos habla del nosotros como mejor medio de conseguir el éxito, como mejor envolvente para que el valor creativo pueda expandir su fuerza. Isco, en un equipo desordenado, es un genio perdido. Contra el City era el solista de una orquesta de virtuosos que estaba creando una bella sinfonía. Y lo mismo ocurría con Benzema. Su necesidad de sentir el fútbol con los otros encauzaba su juego por el camino de la belleza y la eficacia.

No creo que exista en el mundo un equipo con mejores individualidades que el Madrid. Ni siquiera el Barcelona, a pesar de su terrible trío de ataque. Pero lo difícil es conseguir que tantos solistas (sin ese idealismo del toque que Cruyff instituyó) se integren en la conciencia del grupo con sus virtudes. Rafa Benítez está en ello. Sin orden no hay belleza. Solo burbujas de genialidad. El Madrid creó una cadencia sinfónica. Que no sea flor de un día, sino un ramo que aguante los fríos del invierno, y los rayos del infierno cotidiano.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/01/2022 a las 09:01h.