18/07/2015

CONTIGO, PERO SIN TI

Mientras escribo, y veo la fiesta de la democracia que son unas elecciones, tengo la sensación de que a pesar de haber ganado Liga, Copa y Champions, el Barça es ahora un club más pequeño. En vez de sentir un estallido de universalidad, uno ve el chapuzón de localismo, y percibe que hay mucha gente que se siente defraudada. Gente de la misma Cataluña que no es independentista, pero culé hasta las entrañas, y que ha tenido que soportar como todos los candidatos tomaron una opción política concreta que no representa a todos los catalanes. Y por supuesto gente del resto de España, barcelonista hasta los tuétanos, que siempre ha entendido que el Barça sea antimadrista (como ellos), pero no antiespañol, y ese es el mensaje del secesionismo que todos los candidatos han aceptado. Mi vecina, que duerme con la camiseta del Barça, ya está harta de esta hipocresía. No entiende que Pedro o Iniesta, o catalanes que sienten españoles, tengan que salir al campo para ayudar a romper su país.

Da tristeza que la política haya pringado al fútbol con tanta osadía. Que la moral discutible del independentismo (¡todavía hay tanta gente en Cataluña que se siente española!), se haya convertido en dogma religioso de tal magnitud, que ningún candidato haya podido discrepar de ese pensamiento único que todo lo arrasa. Parecía que Bertomeu (ojalá soporte la ansiedad rupturista de Laporta) podría mantener cierta independencia, pero no ha sido posible. Este tsunami secesionista, convertido en anatema, y por tanto algo irracional, ha puesto a los dirigentes una gafas que solo muestran la esquina más próxima. Se están convirtiendo en el gato que araña a los que lo acarician. Como no son tontos, entiendo que pronto van a intentar arreglar el estropicio. Pero no será fácil. A nadie le gusta sentir desprecio. O tanto engaño vendiendo la moto de que se irán del país, pero seguirán ganado nuestra liga.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/01/2022 a las 09:01h.