09/07/2015

ADIOS, CAPITÁN

Todo tiene un principio y todo tiene un final, y nadie puede escapar a esta sentencia del tiempo. Todo tiene una hora de despedida y lo importante es que los recuerdos se queden bailando en el viento como luces hermosas. Sentir que el pasado ha echado unas raíces que alimentan las hojas del futuro, que cuando uno se va no deja un vacío a sus espaldas, sino una historia que al terminar se escribe en el corazón de los que la vieron, y en la enciclopedia que guarda la voz de la leyenda. Iker Casillas se va, y la puerta por la que tiene que salir tiene que ser la principal, la del agradecimiento por haber dado al Madrid los años de uno de los porteros más grandes de la historia.

Estoy seguro de que Florentino tiene una honda congoja en su corazón mientras prepara los fastos del adiós. Pues como cualquier madridista, recuerda tantas noches de paradas angustiosas, tantos goles perdidos para el enemigo, tantos puntos en la liga que llevaron el nombre de Iker, y sobre todo aquel día en los lejanos fríos de Glasgow, cuando un casi adolescente guardameta, con cara de susto y recluta, salvo una Champions que se iba agarrada al ardor de los alemanes. Están, y estarán, mientras el tiempo vibre, aquellos minutos grabados en el museo de los héroes madridistas. Un espacio que con el tiempo se va haciendo cada día más grande.

Hora es de agradecer, y considerar, y querer, y reconocer, mucho al gran madridista Casillas. Siempre supo ser digno de su escudo. Hizo sentir orgullo a sus aficionados. Fue grande no solo como portero, sino también como persona. Pero todo se acaba. Los proyectos tienen su ser y su epílogo. Y repito que hay que agradecer la fe y la fuerza de los grandes soldados. El capitán se va. El Madrid cubrirá la diferencia de su ficha. Es justo después de tantos años llevando con dignidad ese escudo. Sí, todo tiene un final, pero queda el cordón umbilical del recuerdo.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 03:12h.