25/12/2014

LUCES Y SOMBRAS DE LA VICTORIA

Ganar, como perder, es algo a lo que uno se acostumbra. Y por eso ganar, porque la costumbre es rutina, es una forma de comenzar a perder, ya que en la propia rutina se pierde de vista el movimiento de lo que te rodea, lleno de fieras que afilan sus fauces para procurarte la dentellada. Porque también perder es una forma de comenzar a ganar. Sobre todo si uno estudia las razones de la pérdida, y pone su inteligencia en movimiento para superarlas. El extatismo y la acción se enfrentan siempre en un permanente diálogo de pérdida y ganancia.

La connivencia con el laurel de la victoria tiene que estar enriquecida por un interminable deseo de mejorar. Esto es muy importante para que cuando los otros lleguen a un determinado nivel de calidad, el vencedor habitual ya lo haya sobrepasado. Hay tantos ejemplos de esto en el fútbol que se podría escribir una enciclopedia. Los últimos años del Barça son el ejemplo. Y ahora el Madrid, que huele a victoria, tiene que rumiar adentro que detrás de cualquier esquina hay un puñal amenazador. Y que el Chelsea y el Bayer y el Barça son gigantes que se levantan y acuestan pensando en cómo ganarle. Porque todo gigante necesita el predominio para no entrar en amarga depresión.

Los cuatro títulos (dos más dos) pueden ser una carga, o un acicate. Lo primero si impera la lógica relajación del que consigue una proeza. Lo segundo si no se olvida que siempre es posible mejorar. También es importante no pensar en el final, sino en el camino. No dejarse llevar por la soberbia, sino por la humildad. No caer en brazos del mundanal ruido sino aislarse en el fútbol para que en los sueños y pesadillas solo haya un balón. Será difícil mejorar este año, claro. Y no creo que se deba hablar de ciclo histórico. Eso se sabrá al final. Ahora solo existe el destino que uno mismo se forja más allá de los dioses y cerca de sus sueños.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 01/04/2023 a las 16:04h.