18/11/2002

La muerte de la melamina

Pedro Almodóvar, el genial pardillo que diseñó la modernidad llenando de iconos cazurros y beateriles la trasnochada movida de los ochenta, fue el primero que entendió esa relación aparente que existe en nuestro tiempo entre canas y credibilidad. Almodóvar, como si fuera un Sartori de Calzada, en los tiempos de Luci y de Boom ya preveía lo que ahora vivimos, este linealismo locutoril lechoso, como si todos los pesos pesados de los telediarios parecieran gemelos de aquel González primigenio que se inventó Pilar Miró metido en una pelambrera tintada de polvos de talco, para parecer más sensato y senil, luego el modelo superó con creces a la artista. Ahora nuestros divos de las noticias parecen imberbes metidos en vellones blancuzcos, en unos cabellos merinos enfrascados en el velatorio de la muerte de la melanina. Parecen líderes de la izquierda moderada europea, cincuentones gafotas albugíneos, como Blair o Borrell. Pero Almodóvar fue más lejos en la exaltación de las canas. Eliminó atisbos de apariencia senil, y acompañó a la albura capilar con la real senectud de su madre, sin ambages ni falsos preludios. Inventó una presentadora de intachable jubileo y suma credibilidad. Esa abuela rural que se untaba las yemas de saliva para pasar los guiones, que sentía con inocencia primitiva las noticias, y que seguro que dejaría hoy en día en la estada de la audiencia a estos canosos que rezuman improcedente senectud por más que dejen a océanos de hipoclorito cálcico adueñarse de los pelucones, o hasta del fastuoso bigote, como es el caso de Tom Martín, que despunta el mostachón con tintineantes latigazos albinos. Estos cloruros no llegan a la credibilidad de la abuela de Almodóvar. Aquí los tengo, a los grandes, en fotografía plateada, sonrisa de albur. Buruaga, gafas, pelo blanco, piel tersa, pinta de estudioso. Juan Ramón Lucas, gafas, pelo canoso, piel tersa, efigie de estudioso. Urdaci, dos toquecillos nevados y lo mismo. El nuestro, Tom Martín, cambia las gafas y la tersura del cutis por una caída de ojos propia de un amor becqueriano a Chaves y Zarrías. A ver quién no se cree lo que digan estos jóvenes seniles. Gente que parece empollona, sensatona, una retahíla de Alfas de probeta de Huxley para poner en pantalla. Se intercambiarían de telediario y no nos daríamos cuenta. Estamos frente al Busto único. Yo no sé como el insufrible Cremades no ha descubierto aún que tiene que nevarse el casco, embadurnarse las sienes de algodón, compensar el agreste papadón con una pasada por la senilidad aparente, signo de sensatez superficial y presabiduría potencial, y neocredibilidad espumosa, y susurro de vanas certezas, valga la redundundia, como diría esa loca de Millán que regresa para matarnos de risa y surrealismo. Por cierto, y aunque no venga a cuento: ¿Cuando pondrán en Canal sur un programa de humor?

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2022 a las 17:12h.