23/03/2002

Polvos corrientes

Adelanto que no soy proclive a la untuosa beatería. Que tampoco soy tacañón de las sensualidades y en ese mundo apenas nada me espanta. En otros tiempos, con la juventud más joven asomandome por los pliegues de la piel, me harté de transitar paraísos de nínfulas y libertinos, maduré la noche por las aceras mojadas, oliendo a Whisky de poesía mientras los abrazos de las más bellas náyades, sílfides y demás divinidades de las florestas ciudadanas, se acurrucaban aún en mi cuerpo. Entiéndase bien, que no soy ni un beato ni un reprimido amargado que le gustaría ver al mundo metido dentro de un cinturón de castidad. Que no soy de esa gente que conjuga el verbo joder sólo cuando engrasa el potro de tortura. Al contrario, me parece sano y conveniente que el prójimo, si se tercia, sacie la sed de amar con el disfrute de los placeres que anidan en el cuerpo esperando el vuelo fugaz de la carne. Por eso, si estallo en lamentos agónicos y pido inquisiciones implacables, después de haber visto dos o tres pornos del Canal de la Junta, los viernes noche, en esa que llaman agudamente Pornochaves, no es porque sea un reprimido irreductible, sino porque clama al cielo la cutrez del desenfreno.

Es que si uno critica esto del sexo hay que comenzar clarificando, no sea que la sicóloga sexóloga de Carmen Borja concluya de mis filípicas o chavilinarias que soy contrario a los pornos de Chaves porque la crueldad femenina me desterró innumerables veces a la caverna del sueño solitario. Pues no. Esto de acosar los pornos del Canal Sur no es venganza freudiana por los polvos imposibles de la adolescencia. Es simplemente una cuestión artística. Porque estos del Canal, hasta cuando hablan de amor, les sale lo podre visual, lo cutrísimo, lo espantajo y mazorral, la pornografía más marchita y miserable que existe en los suburbios del erotismo. Clama al cielo y a Catulo. En una de las últimas películas, del año de Maricastaña, la estarlete, que habría sido el delirio de Felini, se amaba a sí misma en la ducha y parecía que se estaba rascando la sarna.

Hay que desterrar para siempre de Andalucía a los asesores sexuales de Canal Sur. Porque, desde las representaciones nocturnas borjianas, jamía, con sus pringues de ajos, guindillas y morrones en el delicado miembro viril, pasando por los boterones travestidos, las flamencas espantajas y los verracos chillones del Aquí se discute, nos están quitando las ganas de hacer el amor con tanta morralla carnal y tanta chicha flácida, rancia y gorrina. Si yo fuese asesor sexual de Chaves se lo diría con claridad: presidente, basta ya de polvos crápulas, de polvos cutres, de desenfrenos nocturnos y perversiones lelas en la tele pública, dejemos que la gente eche en paz unos polvos sanos y corrientes. Ya sabe.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 08:07h.