13/12/2014

LA BENDICIÓN ANCELOTTI

Carlo Ancelotti no solo es una bendición para el Real Madrid, pues ha creado una inmensa sintonía entre lo que el club siente y lo que él ofrece, sino que también es una bendición para nuestra liga. Por azares del destino, en los dos últimos artículos, he anticipado los perversos efectos de una de las mayores debilidades de nuestro fútbol, su rendición ante posturas xenófobas, racistas, vejatorias de ciertos aficionados plenipotenciarios, que campan libres en sus maltratos psicológicos, e incluso físicos. Hasta ahora muchos entrenadores miraban para otro lado, o justificaban, como propio del ardor forofo, estas salvajadas incultas.

Pues bien, el entrenador italiano ha sido claro en esto, haciendo imperar siempre la educación civil y la armonía en su conducta, no dando pábulo a que se pueda ganar algo fuera del buen fútbol. Además, ha chocado su tacto elegante con el que tuvo el dinamitero Mourinho, siempre con ansias de exacerbar los más bajos instintos de los aficionados y de los jugadores, buscando guerras paralelas que al final solo conseguían devaluar el fútbol.

Vivimos en un estado de derecho, incluso queremos vivir en un país de los más modernos. Los jugadores y árbitros tienen dignidad, y esa dignidad se encuentra muy bien representada por cada una de las intervenciones de Ancelotti, un señor ante los micrófonos, y un gran entrenador dentro de la cal de los campos. No se lo imagina uno exacerbando ultras, sino aplaudiendo al verdadero aficionado que grita, empuja, protesta, se deja el alma en su pasión, pero no se siente bien vejando personas, ideas, países, o sentimientos contrarios, que también tienen su razón de ser.

Chapeau para Carlo Ancelotti, y por supuesto para todos aquellos otros entrenadores que sigan ese camino. El de decir a su gente que en el oficio de animar está la virtud de no insultar, ni vejar, ni aplastar la dignidad de nadie.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.