07/11/2014

UN BRINDIS A LA HISTORIA

Cuando todo esto acabe hará falta un cronista inmenso para poder plasmar todas las sensaciones. No estaría mal que renaciese el gran Píndaro para cantar con poesía las hazañas que vienen. Un duelo por lo único, reconocido, entre el que era mejor jugador del mundo, y el que lo es ahora. Bajo la mirada complaciente de Ancelotti, con el Rayo en el campo, Cristiano Ronaldo escribirá con la pluma de su sonrisa una escena más en ese escenario que quiere que sea el de la historia. Levantará la Bota de oro, y una vez ofrecida a sus compañeros, cuerpo técnico, empleados, directiva, girará con su cuerpo o con su mente 360 grados para ofrecérsela a los aficionados que, semana a semana, impulsan el optimismo de su fuerza.

Yo quiero ser el mejor jugador de siempre. Lo dijo después de que Florentino, y su sonrisa desplegada, lo hubiera comparado con Di Stéfano, cuya grandeza e ironía ya no va en silla de ruedas, sino que vuela libre por el pensamiento de quienes le recuerdan. Su tarea es esa, conquistar la cima más alta. Al igual que Messi, quien tampoco descansa en su trajín de subir hasta donde de momento nadie ha llegado. Es un duelo en el que ambos se alimentan, pues cuando uno consigue subir un peldaño, el otro mira hacia arriba y quiere llegar todavía más lejos.

Y ahora Cristiano tiene la sed resguardada. Todos se han confabulado para que se consolide una época en la que, como la otra vez, además de llevar la marca a otra galaxia, lidere la gesta el mejor jugador de la historia. La luz del otro día, apretada en sus ojos, abre un camino impresionante. Los halagos caen en tromba, como la lluvia del Norte. Veremos si sucede la epopeya. Un estadio rebosante agradecido dará el pistoletazo de salida. Facultades físicas no le faltan. También debe pensar que el exceso de halagos debilita la capacidad de sufrimiento. Y hará falta mucho para conseguir la proeza.



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