27/09/2014

IKER CASILLAS Y EL SILENCIO

Como una orquesta interminable, que siempre toca la misma canción, ahí están los absurdos pitidos. Entre tanto Casillas pone a veces un rostro de estupefacción, y otras de una melancolía que anuncia un adiós futuro inevitable. Nadie puede, en su trabajo, sentir que cualquier error, al cabo humano, le condene a las horcas caudinas por los tiempos de los tiempos.

Todo comenzó en un día oscuro y lejano. Había un entrenador ruidosos y vacío (como dijo Valdano), más lleno de ego que de sabiduría. Usó el poder del banquillo para señalar al portero ante la plaza pública. No se sabe bien si porque no obedecía como un autómata, o porque molestaba la exclusividad de su poder, o porque como capitán imponía sensatez, o porque la estrategia de ese entrenador necesitaba un chivo expiatorio para cuando viniesen mal dadas. No sé si alguien sabe, en realidad, qué es con exactitud lo que pasó.

Y entonces se comenzaron a oír los pitidos. De nada sirvió ser aún el mejor del mundo para la UEFA, o que gran parte de la afición le demostrara su cariño, admiración y respeto. Aquel entrenador supo sembrar la cizaña con pericia. Le puso una túnica de dudas que lo iba quemando por dentro y por fuera. Parecía demasiada osadía atreverse a raspar el ego de ese tipo, tan grande, tan grande, que se consideraba más grande que el propio Madrid.

Ancelotti heredó el absurdo problema. Y así sigue la cosa. Quizá Iker no está en su mejor momento. Es difícil demostrar lo que uno vale así, con las espadas siempre en alto. Y la persistente falta de respeto en el campo es muy fea. El corazón madridista no debería permitirlo. No digo que Casillas haya de ser titular. Eso depende de Ancelotti y Vecci, que son los que conocen la forma de los porteros. Que juegue el que esté mejor, y punto. Eso es lo que merecen el Madrid, los porteros, los compañeros, la afición y la lógica más palmaria. Y que lo demás sea silencio.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 06:07h.