26/04/2014

VAMOS A LA GUERRA

Si hubiera que imaginar un diablo costaría poco observar a Rummenige entre las luces rojas del restaurante. Allí el Bayer parecía ir a lamerse las heridas. Buen jamón y vino para el olvido, pero un alemán orgulloso y soberbio, como Rummenigge, cuyos ojos se encienden más que se abren, quiso cambiar la tristeza por el furor guerrero. Los lamentos se convirtieron pronto en gritos de guerra. Dicen que Muller desenrolló dos dedos y generó el bufido del toro vencido, recordando los cuernos de Augenthaler en aquella eliminatoria en la que Juanito pisó a Matthäus.

Arderán los árboles y rugirá el viento con acentos alemanes. Se desgañitarán cientos de miles de almas entre la calle y el estadio. El Allianz Arena se enfundará el rojo del dolor, ese que nace en banderillas de fuego que ya conocen la carne del Madrid. Como buen general, Rummenigge apela a la historia como elixir de la batalla.

Vamos a la guerra. Aunque lo bueno de los alemanes es que prefieren la bravuconada al disimulo. Así el Madrid ya no podrá despistarse. Guardiola, que es de estirpe más sureña, a pesar de su desapego a lo español, prefiere engañar con caramelos para que el enemigo se confíe y cuando entre por la puerta del infierno sienta, como Dante, que llega a una selva oscura, salvaje, áspera, espesa, cuyo recuerdo renueva un temor aún más grande que el de la propia muerte.

La luz roja que rodea la cara de Rummenige suelta chispas avasalladoras. Su cara parece la bengala de un hooligan. Ese fuego es el umbral por el que quieren meter al Madrid. Pretenden que nada más escuchar los fieros rugidos pida pañales y tiempo.

En fin, que si miran los ojos de Rumenigge, verán lo que es la estampa de la mala leche. Esa sobre la que ya está avisado el Madrid. Hay precedentes y espero que sirva para que, muchos años después, frente a la derrota, los alemanes recuerden que Gary Lineker no llevaba razón en su famosa sentencia.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 08:07h.