15/03/2014

DOCTOR JEKYLL O MISTER HIDE

Desde que el Madrid ganó la Champions ha realizado una insistente búsqueda del entrenador ideal. Diversos perfiles fueron sucediéndose. Unas veces era necesario uno duro, al estilo del sargento Hartman, de La chaqueta metálica. Había que meter en vereda a la tropa. Capello representó el papel. Recuerdo que nada más llegar llamó la atención un día a Guti frente a las cámaras por sestear en el banquillo. Ganó una liga y huyó. Ganó otra liga y le echaron porque el equipo no enamoraba.

También se pensó en un entrenador de bajo perfil. Había que evitar enfrentamientos con los líderes. Llegaron López Caro y Carlos Queiroz, pero bajo las lentejuelas mediáticas y las prisas existenciales quedaron fulminados. Se los llevó la riada. Tocaba entonces el entrenador educado y sereno, pero con experiencia. Y vino el bueno de Pellegrini, quien aguantó hasta que el equipo fue degollado por el Alcorcón en aciago día. Aquel traspié sangró el corazón y se llevó por delante al ingeniero.

Otra vez, cuando el núcleo duro era de alegres brasileños, se pensó en un entrenador de aquel país, que los comprendiera y exprimiera. Llegó Vanderlei Luxemburgo. Y por más que el hombre lo intentaba el juego parecía una escuela de samba. No había manera de crear un equipo duro y trabajado. Y la causa parecía ser la escasa idoneidad de los entrenadores.

Años de sequía aconsejaron un perfil maquiavélico, ganador cueste lo que cueste. O sea Mou. Peros se percibió enseguida que era como unir las Fallas con los Sanfermines y con la verbena de La Paloma. Alimento sin descanso para la prensa sensacionalista.

Ahora ha llegado Ancelotti. Tiene buenas maneras, educación y títulos. Parece que al fin se ha encontrado el entrenador ideal, al menos hasta que pierda un partido. Ha sido un largo viaje para volver al principio. O sea, a Del Bosque, del mismo perfil, con cuyo cese comenzó el azaroso y extraño periplo.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 03:12h.