19/10/2013

LA SANGRE DE LA LEYENDA

Cierto que las instituciones están por encima de las personas. Pero la dignidad de la persona está por encima de cualquier institución. Las instituciones sin personas son nombres que se agotan en sí mismos, edificios vacíos que miran a la nada. Son las personas las que llenan a las instituciones de vida. Hasta el punto de que acaban teniendo solo la vida que las personas le dan. El Madrid es la más grande institución deportiva, pero si no hubiera sido por tanta gente como le fue dando su ser, hoy sería un nombre perdido en una sopa de letras.

Empezando por el propio Bernabeu, Di Stéfano y tantos otros jugadores que inyectaron su sangre en el cemento del estadio. Consiguieron que tuviera venas, y sintiera un cuerpo, que estuviera vivo como algo grandioso. Una leyenda en el imaginario de tantos que se sienten del equipo, o solo admiran esa identidad que jugador a jugador, durante décadas, se fue forjando en el escudo. Cada uno le dio lo mejor de su ser. Una muestra cercana, aunque inagotable, nos dice que Pirri le dio pundonor, Velázquez técnica, Michel elegancia, Del Bosque seriedad, Amancio habilidad, Grosso ardor incansable, Hierro fiabilidad y madurez, Roberto Carlos alegría, Zidane belleza, Guti frescura, Gento rapidez, Butragueño tiento en el peligro, Sanchís liderazgo, Martín Vázquez talento frío, Raúl hambre y sed de ganar… Podría seguir con nombres hasta que la columna o la página se agotara.

Casillas ha llenado el escudo con el talento del mejor portero del mundo, y con la sensatez del que mantiene los pies en la tierra. Es puro Madrid en cuerpo y alma. Y solo si tuviera un bajón de forma, de ilusión o cabeza, podría entenderse su actual papel. Menos todavía cierta inquina absurda. No es así. Sus facultades están en plenitud. Mou deja a sus viejos equipos minados. Diego es un gran portero. Es un BMW. Pero casillas es un Ferrari. Y un Ferrari no puede estar como coche de sustitución.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.