04/05/2013

LA PRÓXIMA CHAMPIONS

Cuando la red se desquebrajó, por el fuerte zurdazo de Sergio Ramos, miles de gargantas asustaron a la tormenta que por allí pasaba. Cientos de miles de ojos vieron abrirse una puerta que había estado cerrada, férrea, indestructible, durante todo el encuentro. La fría defensa alemana había sido un muro insalvable para las riadas de juego madridista. Pero con el tiempo preparando su agonía, la ilusión se elevó de la ciénaga que acumula la desesperanza. Y en el aire frío de la noche vimos que era posible. ¡Sí, se puede! Arrancó una maquinaria oculta y todo se puso a rodar. La gente en pie esperó el soplo suave de los dioses porque el milagro era posible.

Entonces las estufas del campo sintieron que no eran necesarias. Afuera hacía un calor desesperado. Todos los ojos y todos los rostros apuntaban al verde. Dos minutos, un minuto, cuatro minutos, los ángeles saliendo a sus balcones de nubes oscuras para verlo. Un silencio profundo. Un clamor enorme. Una vuelta de reloj que se pierde sin juego. Un alemán por los suelos emulando a Daniel Day-Lewis, con el rostro retorcido, masticando los segundos para volverlos nada. Había una misteriosa lentitud en todo. Esperábamos que sucediera lo que crearía la leyenda de una noche fría de abril lluvioso.

Al final se replegaron las banderas, se recogieron los estandartes y silenciaron los gritos. Mientras, un ejército desarmado y feliz, desfilaba digno, Castellana abajo, con su derrota. La ciudad comenzaba a estar desierta. Los bares llenos de ausencia y los semáforos más brillantes. Y entonces Mourinho encendió su nombre. Quiso que el fuego de sus letras lo deslumbrara todo. Salió al escenario de los monólogos. Pero la caravana de madrileños ya estaba lejos. Cerca de la costa. Hay que olvidar por unos días el sonajero de la crisis. Y para los que creímos, hoy también es el segundo día de un camino que acaba en la próxima Champions.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.