26/04/2013

COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS

Sigo el final de la magnífica crónica de Segurola. Escribo sobre volver a la era de la épica, de sentir la vibración de los altavoces sonando por las calles y los bares, llamando para la noche de la batalla, calentando el aire todavía frío de abril y abriendo los corazones para que la sangre colectiva viaje por las venas de los jugadores. Y así se sientan protagonistas de una batalla que entrará en la historia y en la leyenda.

En los días previos al partido sonará el run run de la danza del fuego. El ruido de un magma ascendente lleno de esperanza y convencimiento irá tiñendo de calor el aire. Sonará de menos a más. Desde la llanura hacia una cima en donde una noche de fútbol espera para apoderarse de la emoción. Mientras tanto el viento tendrá que llenarse de palabras sólidas y alentadoras. Cuidado con los espejismos heróicos.

La clave está en la cabeza de los jugadores. Allí debe anidar un profundo convencimiento. Ver que no se llega al Madrid si no hay dentro un espíritu irreductible y suficientes brotes de genialidad. Todas las pruebas se han ido superando. Todas las selecciones, naturales o artificiales, han ido forjando los músculos en la épica. Y ahora tienen que aflorar. Porque otra vez es necesaria la hazaña y solo los más grandes pueden conseguirla. Por ello los jugadores se preguntarán si son los elegidos para un momento cumbre del deporte. De lo que se respondan adentro dependerá mucho la proeza.

Y pueden conseguirlo. Primero porque los jugadores del Madrid están capacitados para lo más difícil. Segundo porque ya se ha hecho. Tercero porque esto es fútbol y puede llegar un momento en que todo se ponga de tu parte. Y cuarto porque si ellos hicieron posible lo imposible, contra el Málaga, por qué no podrá el Madrid contra ellos hacer lo mismo. Además, esa, la de creer y luchar, es la única postura hermosa que nos queda. Como en los viejos tiempos.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 09/12/2021 a las 04:12h.