06/04/2013

AGUA EN EL INFIERNO

La lluvia no disolvió a los turcos, que, como una marea rojo fuego, habían tomado los alrededores del Bernabeu. Ni siquiera se cubrían ante las gotas gélidas, y con los ojos oscuros e insolentes miraban la tierna pupila de los caballos. O bien cerraban el puño airados ante los ojos de hierro de los policías, ofreciendo resistencia. Antes de comenzar el partido dejó de llover y las masas nos arremolinamos ante las taquillas y las entradas. Los turcos, como sombras rojas, merodearon nerviosos, a miles, buscando nadie sabe qué, quizá que a los diez minutos las puertas se abrieran libres para todos.

Dentro del estadio, en la zona sur, que es donde estaba, bullían pequeños grupos de telas rojas exaltadas que gritaban sus consignas a pesar de estar rodeados por enorme enemigo. El grueso de sus fuerzas turcas estaba donde anidan las aves. Cerca del techo. Y allí, bramantes, inquietos, aguerridos, no dejaron de batallar. Usaron como armas sus voces bravas, sus gestos retadores y unas cuantas bengalas, rojas como el cuello del fuego, que lanzaron a pesar de estar prohibidas. El estadio, incrédulo, indignado, los reprendió por gamberros durante un buen rato.

Conforme iban cayendo los goles la bravura de los turcos aumentaba. Cerca de mi observé diversas reyertas que no llegaron a más porque Dios no quiso. Y aunque dentro al final se hizo la paz, en las afueras las calles se convirtieron en campos de violencia. Palos, basuras libres, bengalas, contenedores caídos, olor a pólvora…

Menos mal que, como ha demostrado también contra el Levante, el Madrid está rozado por el dedo de la eficacia. Vive un tempo de concentración, esperanza y sueño. Por eso cayeron tres. Con un resultado más débil seguro que los turcos habrían encendido sus sueños rojos. Y allí, en su estadio, con el aire ahogado, y ante la entrega sin límites de su afición, cualquiera sabe lo que hubiera ocurrido.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 09/12/2021 a las 04:12h.