08/03/2013

EL DESTINO TAMBIÉN JUEGA

El hado, el destino o el azar, también juegan al fútbol. Se incrustan entre los jugadores y consiguen que goles cantados vayan de visita a las estrellas, o cuencos de raíces en la yerba se eleven y rompan el viaje del balón. A veces se introducen en los ojos de los árbitros. Entonces estos ven algo distinto a lo que ve todo un estadio, o un ejército de comentaristas. Un penalti no concedido, una expulsión injusta, una caída real que parece fingida o una caída fingida que parece real. Cualquiera sabe lo que pasa por el cerebro de los árbitros, al cabo humano, y por lo tanto predispuesto al engaño. Por eso en fútbol hay muchas veces que gana quien hace menos méritos, y otras pierde quien parecía tener todo atado.

Y si miro hacia atrás encuentro muchos instantes en los que los hados nos dieron la espalda. Hubo un tiempo en el que el destino nos convirtió en especialistas en merecimientos ahogados. Aquel disparo de Butragueño al PSV por ejemplo, que con algo más de viento, habría conseguido una final. Hubo muchas noches de angustia, así que ahora no hay que fustigarse porque, como dice Mourinho, hemos alcanzado una victoria injusta. Nadie sabe qué habría pasado si el árbitro turco no hubiera expulsado a Nani.

La verdad es que casi nadie pensó que sacaría la roja. Los rostros de estupefacción se podían ver incluso en los bares adyacentes y lejanos. Pero está claro que todo el ser del árbitro vio una agresión. Y por tanto hizo lo que sintió justo, y eso es lo más que se le puede pedir, porque aspirar que tenga la perfección visual es imposible. Nani, Cuneyt Cakir y Arbeloa, que por fortuna no fingió, como le pasó a Rafael, crearon la ley del destino. Y se abrió una puerta que estaba cerrada, y por allí accedió el Madrid a la victoria. Sin embargo, los blancos han de ser más persistentes. Pues al final ese mismo destino estuvo a punto de cambiase de uniforme.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 26/05/2022 a las 16:05h.