26/01/2013

Y POR EL HORIZONTE LLEGA EL BARÇA

Y entretanto a lo lejos ya se ve al Barça. Suficiente para olvidar los males profundos internos. Lleva la palabra "devorar" en los labios, y muestra el reto más grande que cualquier corazón madridista pueda sentir. Y los que aplaudimos o gritamos en el circo, elevamos los ojos para ver el horizonte, por donde se acerca. Otra vez un atracón de champán y caviar, o el mejor ibérico o la butifarra más catalana.

Este partido es el mejor manjar para retrogusto amargo de Florentino, que cuando se vuelve humano, baja a las guerras mediáticas y se le nota en el rostro la soledad. Ganad al Barça, y todo se difuminará, al menos hasta que otra vez Mourinho suelte pedruscos por la boca, si lo hace. Pero el fútbol da codazos a los enredos. Y un partido entre el Madrid y el Barça no es una batalla, es la guerra en sí misma que se sucede a sí misma.

El fútbol es un pulso profundo. Sale siempre por las manos o los ojos, salva los momentos sin orden. Y de todo se apodera. Incluso de esté estrés absurdo que produce Mou en el corazón de los jugadores, para sacar quizá lo más productivo de sus cuerpos. Pero no es necesario. Tener enfrente al Barça es tener otra vez la historia al alcance de la mano. Otra vez parar el mundo, tocar los palacios del cielo o las cenizas del infierno.

Se irá Mourinho o no se irá, que quede en las coplas. Pero el Barça llega con un aliento lleno de virus, o como un jarabe que cura la pulmonía invernal. Y entonces el tiempo se olvida del presente porque quiere mirar al futuro, ya que un partido de estos comienza el mismo día que se conoce, y se juega en cada gesto o pensamiento que se realiza.

Haya paz, que llega el fútbol con su música verde. Con su olor a bruma nocturna y focos como espejos. Es lo único que queda después, cuando los ríos de palabras se pierden por el vacío.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 26/02/2020 a las 16:02h.