11/01/2013

EL ARTE DE ENAMORAR

No ha hecho falta el guionista de Hollywood como siempre. La realidad se encargó de escribir la historia más imprevisible. Por muchas vueltas que le diera Mourinho ni imaginaría encontrar la mano del destino en el minuto seis. Se desactivaba la bomba de relojería. Pero como el destino es caprichoso, la peor parte de esta historia se la llevó Adan. Ni en sus peores sueños imaginaría un desenlace tan adverso. Sentir que la oportunidad se pone enfrente, y en un instante, todo se pierde. Vendrán más.

El debate de la portería, el debate del nueve, el debate del debate…al final, todo se queda en pompas de jabón en cuanto la pelota comienza su baile por la yerba. Y lo que vence siempre es lo mismo. El juego. Esa historia en directo que escriben en el campo. Ese lance de músculos, inteligencia, técnica y tesón que sucede en el escenario de la yerba, y en el que cada jugador representa el papel que mejor se sabe, o el que con su voluntad y su inteligencia quiere representar.

Como por ejemplo Carballo. Luchó como un gladiador incansable, convirtiéndose en el jefe de la zaga, y algunas veces incluso en el corazón del equipo. Se fue hacia arriba con la ilusión y el desparpajo de un jugador que empieza. Incluso al final, ajeno el enorme desgaste de la minoría, seguía dejándose la piel en el campo como un adolescente. Ese tipo de aptitudes son las que enamoran en el Madrid.

Así estuvo todo el equipo. Y sobre todo el gran Cristiano. Su empuje, ese despliegue inagotable de talento... Jamás baja los brazos mientras el reloj parpadea. Es la peor pesadilla de la defensa. Sus espectaculares contrataques, su rapidez invasora, su hambre de gol, su incansable corazón, también enamoran. Mourinho permaneció emboscado en el banquillo. No quiso ser el novio en la boda o el muerto en el entierro. Eso también enamora.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 09/12/2021 a las 04:12h.