04/07/2012

ODA AL FÚTBOL

La posesión infinita del balón, el abrazo en el tiempo de una idea que nadie cuestiona y se vuelve una luz en la penumbra. El corazón en cada pase, el alma en cada recuperación, una cadena de apoyos en cada jugada, un calor común en el territorio frío y áspero del enemigo. La posesión del balón por encima de cualquier idea relativa, escrita con la tiza blanca de una verdad incontestable en la pizarra. Es imposible tener siempre el balón, pero es posible tener el balón más que el otro equipo.

Y entonces el balón quiere ser de quien más lo ama. El arte puede a la fuerza. Y la posesión se vuelve una idea que se acerca a la utopía, al deseo perenne de tener el balón y vivir con él, pensar con él, defender y atacar con él. Y sobre todo una idea común. Por eso este artículo no tiene nombres, porque citar es desmerecer el principio hermoso de la unidad, porque todos han sido uno y hasta los suplentes en el banquillo jugaban el partido con la misma o mayor intensidad. Uno para todos, todos para uno, todos para el balón. El mismo corazón con un latido unánime que mueve la misma sangre. He ahí el secreto.

España es un mecano con todas sus piezas ensambladas. Todos son únicos y todos son lo mismo. La diferencia se integra y se ofrece a lo común, porque al final la victoria es común y no existen los héroes. Existen los planteamientos acertados y las ideas triunfadoras. Existen los grandes equipos y no los superhombres. España también comenzó a ganar en el laboratorio del amor al fútbol, en los campos de tierra, donde entrenadores anónimos luchan para que el talento sobreviva.

España en fútbol es una comunión real, un apoyo real, los brazos se enlazan para empujar hacia el mismo lado con una única fuerza. Una idea, una creencia, una fe, una solidaridad. Todos para uno y uno para todos, y el balón en medio. Ése es el secreto.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 16/10/2021 a las 17:10h.