20/08/2011

CULEBRONES DE VERANO


Este año la Supercopa nos ha salvado. Es un prólogo al fútbol que vendrá. Pero la realidad es que si uno mira el resto del verano observa que el fútbol descansa al revés que los osos. Se mete en su caverna de estío y sale a la luz cuando el mar echa sus persianas y un aire frío en el vientre nos dice que septiembre se acerca. Entonces ya llevará semanas de regreso (si la huelga no lo impide) y estarán ajustadas, o ajustándose, todas las piezas del motor de los equipos. Enfrente un invierno en el que el frío será más duro para unos que para otros.

Pero hay un verano de ausencias. Un vacío que se llena de arena, cloro, matojos de montaña, chiringuitos, paseos al atardecer y el olor a sardinas en el aire espeso litigando con el olor a salitre del mar. Y como esa ausencia del fútbol hay que llenarla, aparecen en el escenario un montón de actores que no quieren que nuestros ojos miren a la puerta de salida. Estrellas, estrellados, promesas, agentes sin palabra o presidentes con diarrea verbal nos llenan con sus culebrones esos momentos en los que, además de no haber fútbol, ya no hay Tour y el gran Nadal nos dice que como humano que es tiene derecho a perder. Lo malo es que sobre todo con Djokovich. Tengamos fe. Un día descubrirá que es el serbio quien pierde con él.

El premio al culebrón de verano se lo lleva Neymar. Su cara de mozalbete y su cresta, su interminable titubeo o inmadurez ya cansa. Está claro que el brasileño disfruta con los culebrones. Hasta ha participado como actor en el que llena de lágrimas Brasil, Malhaçao, una historia de amor juvenil que comenzó cuando Spielberg llenó la tierra de dinosaurios. Ya veremos si viene a Madrid en enero, la temporada que viene, o cuando a Pelé le salgan espinillas. Aunque al parecer el Madrid tiene muy claro que algún siglo se vestirá de blanco.
Pero no sólo de Neymar viven los culebrones. Ahí está el de Cesc en su último capítulo. Wenger, hombre de permanente ceño fruncido, o sea cara de mala leche, raptó al catalán en una noche de cava y desidia. Luego sucedieron las pasiones de un trío. Nostalgia, dinero y final feliz. La vuelta del errante a casa.

Y el culebrón de Agüero. Antihéroe de barrio. Amor imposible de una afición demasiado fiel. Debería estar contemplado como delito en el Código Penal que le rompan el corazón a los atléticos. Y también tenemos culebrón monetario. El de los jugadores y los clubs. Inevitable tragedia de esta crisis financiera. El dinero se ha vuelto una liebre tan rápida que ni siquiera Usain Bolt la podría alcanzar.

En fin, que ésta es la otra cara necesaria del fútbol. A ver quien aguanta todo un verano sin una buena o mala historia que llevarse a la boca. Menos mal que volverá la Liga cuando la huelga lo permita. Entonces los domingos serán como tienen que ser, angustiosos porque preludian el lunes, pero con el tiempo lleno de pasión, goles, aplausos, pitidos, voces, comentarios y chistes buenos y chistes malos, que de todo tiene que haber en la viña de Villar.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 06:07h.