05/06/2011

GENTE MISERABLE


Al gran escritor Vladimir Nabokov se le llevaban los demonios por la manera que tuvo Cervantes de finalizar El Quijote. Decía que era uno de los libros más crueles se habían escrito, si no el que más. Tenía demasiadas acciones de villanía y miserable burla de un pobre hombre que no buscaba otra cosa que el bien ajeno. Los plebeyos le masacraban a golpes y los señores encendían su ingenio para encontrar la chanza irrespetuosa, como es la de Clavileño. Esa crueldad llamaba mucho la tención a Nabokov, pero una frase al final, que ha pasado casi desapercibida, era lo que más le rebelaba. Cuenta Cervantes que en la muerte de Don Quijote la casa se llenaba de lágrimas. Sancho, la sobrina, el ama, que estaban presentes, escucharon el testamento, en el que todos eran beneficiarios, y sintieron la pena que desprendía el hidalgo huesudo. Llantos fúnebres se oían por todas partes. Pero nos informa de que aunque andaba la casa alborotada, “con todo, comía la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto”.

Uf, es increíble la agudeza del genio de Cervantes. En el momento más sublime, en esa escenografía sentimental que envuelve la agonía de un tipo tan romántico, desprendido, humanista y soñador como él, el malvado Cervantes, junto a la pena sentida, introduce un elemento de realidad castiza que no deja muy bien parados a sus parientes y amigos. Esto del heredar algo templa o borra la memoria de la pena, qué homenaje a la realidad. Me acuerdo de este pasaje cada vez que observo a mi alrededor familias que se destrozan por disputas hereditarias, amigos que hurgan en la memoria y el provecho en cuanto huelen la carne de los billetes. Unos y otros divulgan desdichas, mentiras o introducen el morro en el abrevadero de la mierda. Y hay batallas sobre despojos, por naderías, o por fortunas, pero siempre hay alguien pasto de las hienas, del imperio desalmado de los miserables.

Me emana esta reflexión mientras leo la rastrera actuación de los parientes de Ortega Cano. Chacales inmundos despellejando su fama unos y cobrando a destajo sobre su vida otros. Jamás me han interesado los engorros del torero y la cantante, el horroroso y vanidoso mundo suyo, pero cuando ahora veo esta pantomima inmunda siento tristeza de ese fondo humano en el que lo material ahoga lo espiritual. El interés es el único móvil. El respeto un muñeco pisado en el barro. Son gente miserable. Tenemos que decirlo mucho para que nuestros hijos sepan que son ejemplos negativos. En el fondo siento asco por toda esta gentuza. Y no me gusta que almas tan viles pertenezcan a mi misma especie.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.