14/05/2011

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO


O una eternidad. El tiempo es relativo. En el gozo se contrae y en el dolor se expande. Einstein decía que una hora besando a la novia parece un minuto y un minuto encima de una plancha ardiendo parece una hora. En fin, no sé cuánto, pero es demasiado para equipos que tienen hechura de primera. Y decir infierno no es una exageración. Hay tanta diferencia entre la primera y la segunda que la metáfora del cielo y el infierno es inmejorable.

Las aficiones sudan angustia. El corazón unánime de los más entregados explota. Hay demasiados equipos viviendo en ese puente de hilos en el que las matemáticas condenan sin derecho a recurso. Quién será el que acompañe al Hércules y Almería es el dilema. Nadie se fía de nadie, ni siquiera de sí mismo. El Zaragoza parecía salvado y se puso la soga al cuello. Michel finalizará en las tierras vascas, en San Sebastián, donde le rompieron la rodilla y ahora le pueden romper el futuro. Y el bueno de Lotina tiene ese gesto de resignación del que huele el fuego de su propia vestimenta. Hasta el seco de Pellegrini deseará que el Barça tenga las piernas en La Rosaleda y los ojos en Wembley Stadium.

El único dios que existe ahora es el de las matemáticas. Nueve equipos mirando la puerta del infierno. Y hay tres tan cerca que si se asoman ven el paisaje ardiendo. Lotina, Aguirre y Michel son gente de élite, pero lo más seguro es que uno de ellos será el barquero que lleve a su equipo a la otra orilla. ¿Quién?, nadie lo sabe. Pero un colega, cuya opinión respeto, me dice que será el Getafe. Si es así lo sentiré por Michel, me cae bien. El poeta Arthur Rimbaud pasó una temporada en el infierno y lo pasó tan mal que dejó la escritura.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 07:07h.