27/03/2010

LA VIDA SIGUE IGUAL EN EL DERBY

El gobierno había cambiado la hora. Por eso, a las nueve de la noche, quedaban aún unos cuantos hilos de atardecer. Mientras tanto la luz artificial del estadio comenzó a posarse por el campo. Me gustó esa destellante belleza que tiene el césped cuando se ilumina. El ambiente era excitante y maravilloso. Los del Atleti asistían de dos maneras: unos arrinconados, en las zonas altas, y otros camuflados entre la gente madridista. Era el derby. Calentaban dos equipos que aún no han encontrado su esencia. Dos equipos que suelen fallar en los momentos importantes. Pero aquella noche sólo podía fallar uno. Ante el mundo, el Atleti tenía que demostrar que no hay ni hechiceros ni gafes en el fútbol, y que todo es trabajo, sistemas, la lógica relación de aciertos y errores, al cabo decisiones que la práctica demuestra si son o no las acertadas. Y el otro, el Madrid, tenía que demostrar, de una vez, que no es una constelación caótica de estrellas, sino un proyecto común en el que o todos se salvan o todos se ahogan. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre las expectativas y la realidad? Porque cada vez que Florentino ficha un crak aumenta la expectativa de que tiene que ganar todos los partidos de calle. Y en el fútbol, hoy, es difícil ganar fácil. Lo fácil siempre es perder. Bien, pues jugaron. Y pasó lo de siempre. Perdió el que tenía que perder. Ganó el que tenía que ganar. Es como si fuese un guión ya escrito. Por muy bien que juegue el Atleti luego va y pierde. Si empieza bien, acaba mal. Y si empieza mal, también acaba mal. Es como si sus jugadores antes de salir ya tuvieran metida en las neuronas una sensación derrotista. Vamos a perder hagamos lo que hagamos. Y así, ocurre que muchas veces es uno mismo quien se impone su destino. Y luego, con él se justifica, con que los hados o no sé qué fuerzas extrañas son las causantes. Pero es uno mismo quien, cuando cree en la derrota, acaba acostándose con ella.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 26/05/2022 a las 15:05h.