31/01/2010

BERLANGA

No tengo ni pajolera idea sobre el riesgo que implica eso de los residuos nucleares. Por sentido común imagino que habrá garantías en la actuación de los poderes públicos para evitar un posible desastre. Lo contrario sería demasiado terrible, y de ser así, quizá ya se habría producido el desastre. Sin embargo, como a cualquiera, no me gustaría tener uno enfrente de mi casa. Y a la vez entiendo que lo que digo es de un egoísmo atroz. Ya que si me niego a tenerlo en mi territorio todo el mundo tendrá el mismo derecho a negarse. Y además esa realidad lleva al gobierno a una especie de situación sin salida. A un ultraje. Ya que obligar a que unos tengan el supuesto mal que otros rechazan significa levantar en rebelión a los que tengan que “tragársela”. Por eso no envidio la situación en la que han puesto al gobierno en este asunto. Y por mucho que haya municipios que pidan los basureros radiactivos, con sus pingües beneficios económicos, los pueblos vecinos digo yo que tendrán algo que decir, pues asumen también el supuesto riesgo y poco de los beneficios. Así que el asunto tiene bemoles. El error de fondo está en el sistema de elección, basado en la petición de los territorios. Someter algo tan peliagudo y discutido como esto a algo parecido a una subasta garantiza el follón. Y con él todo tipo de disparidades. Porque dentro de los propios partidos unos y otros ven la película con gafas de distintos colores. Electoralismo, ecologismo, sentido común, opiniones sin datos, miedos, alarma social, todo se junta en un coctel que si sigue así va a ocurrir que el tema se trate en el programa de Belén Esteban. Allí es en donde se hace ahora el parlamento popular que antes hacían los griegos en el ágora. Berlanga filmó mucho el bullangero y tragicómico espíritu nacional. Ése que convierte cualquier cosa en un espectáculo. Para este asunto habría hecho falta su cámara.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 20/09/2021 a las 07:09h.