03/01/2010

MILENIOS

Apenas me doy cuenta pero ya llevo diez años en este siglo que desde lejos creía tan futurista. Cuando era niño pensaba en el dos mil. Me imaginaba cómo sería yo en ese futuro. Si tendría hijos, cómo sería mi físico, cuál mi trabajo, cuál mi salud y fortuna… En fin, me preguntaba por lo que haría conmigo la vida. Y la línea fronteriza entre el pasado (real) y el futuro (soñado) la ponía en el dos mil. Porque ese año era un símbolo. Nada menos que la misma esencia de lo futuro, incluso en la ciencia ficción. Soñar cuesta tan poco. Orwell vio el futuro en el año 1984, un tiempo de imperio de la mediocridad y dominación de lo individual. Está claro que se adelantó un poco, pero no mucho. Yo lo veía, lo sentía, lo imaginaba, lo soñaba hermoso, lo perseguía en el dos mil. Y un buen día ese año llegó. Con la avidez de mis recuerdos infantiles le miré la cara. Esperaba que algo me indicara la existencia de una nueva época para el mundo, el ensamblaje de la utopía y la necesidad. Pero de lo que me di cuenta es de que aquel futuro se parecía demasiado al pasado. Lo que hubiera de pasarme me pasó cuando quiso el destino, a su tiempo. Lo fui descubriendo poco a poco. El dos mil sólo fue una página más de un libro que se fue escribiendo en el tiempo. Como dijo un poeta, el futuro no existe porque cuando existe ya es pasado. Y el dos mil fue más pasado que futuro porque el mundo siguió siendo igual. Cuántas empresas y eslóganes que tenían dos mil como emblema se quedaron antiguas, de pronto, al sonar las campanas. Y ahora llevamos ya diez años en este siglo del que parecía enamorarse el tiempo para mostrarnos una nueva era. Pero el hilo de la vida sigue constante. Parece que todavía estamos en el final del siglo XX, esperando que comience el famoso XXI, el que va a ser de un mundo nuevo, más solidario, más justo, un mundo mejor. En esto el futuro está pendiente. Idénticos augurios de sombras nos envuelven. Y esperemos que no haya de albergarse la esperanza en el tres mil, que seguro será otro gran año mítico. Quizá sería esperar demasiado.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.