07/12/2008

PARADOJAS II

Suelo comentar con mi gente el hecho de que nos rodea un enjambre de paradojas. Y de entre todas las acepciones que tiene la palabra, me refiero a aquella que se relaciona con la exiastencia de una contradicción como la copa de un pino. A eso ya estamos completamente acostumbrados, y por eso, casi nunca nos extraña ese mundo de paradojas que aceptamos como normales. No sé, veamos algunas. Se llama oficina de empleo al lugar en donde no se coloca a casi nadie y lo habita una bruma de desempleados esperando una llamada que nunca llegará. Paradoja es también que se llame funcionarios a aquellos que gozan precisamente de la fama de no funcionar. O que organizaciones con unos fines muy concretos (cristianismo, comunismo, Naciones Unidas…) puedan convivir muchísimo tiempo con actuaciones que son exactamente las contrarias de sus fines. Esto quiere decir que probablemente hemos asumido ya genéticamente la paradoja. Incluso que la hemos convertido en una forma de conocimiento que va más allá de la ironía y que puede ser hasta creativa. Wilde hizo en esto mucho más que cualquiera y todas sus obras están llenas de paradojas que significan una visión descarnada de todo: el amor, la economía, la familia, la amistad etc… Algunas son tan brillantes que uno ha de quitarse el sombrero. Puedo creerlo todo con tal de que sea increíble. La diferencia entre una pasión eterna un capricho es que éste dura un poco más. En interés del rico debemos desembarazarnos de la pobreza. Nuestra amistad fue realmente insoportable para ambos. Las peores obras se hacen siempre con las mejores intenciones. Nada de lo que parece la pena saberse puede ser enseñado. Estas son algunas de las tantas que Wilde escribió. Son paradojas inteligentes que nos vienen a decir que la vida es más compleja que lo que nos dicen los conceptos de las palabras. La paradoja nos enseña que las cosas no son negras o blancas y que casi siempre hay una verdad profunda contraria a lo aparente. Como por ejemplo en esto de la crisis. Desde todas partes se lanza el mensaje del ahorro cuando el ogro de la crisis es la caída del consumo. La sociedad en la que vivimos sólo funciona si funciona el consumo. Y si no se gasta, el ídolo se derrumba. Otra paradoja. En situaciones de crisis hay que gastar más para que la maquinaria siga funcionando.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/06/2022 a las 20:06h.