14/09/2008

CAZAR

Cazar fue la segunda profesión del humano. La primera fue la de carroñero, pues es probable que nuestros ancestros observaran escondidos las cacerías de las grandes fieras para aprovechar después sus desperdicios. Este es un ejemplo impresionante de cómo desde la debilidad física depredadora el humano consiguió fortaleza intelectual. Al comer la carne se consumían las proteínas necesarias para que el cerebro fuese más inteligente. Después, el desarrollo de ese mismo cerebro agudizó las técnicas y formulas necesarias para abatir y despiezar a otros animales, y además, desarrollar igualmente técnicas de trabajo colectivo que también vendrían muy bien para la evolución de la especie. Pero a diferencia de otros depredadores, que sólo pueden vivir de su caza, el humano descubrió múltiples alternativas alimentarias, muchas sin una previa necesidad de acción sanguinaria, y aunque otras de matanza animal, sin una previa persecución depredadora, sólo acumulando ejemplares para degollarlos después en lo que serían los mataderos. La inteligencia del humano le llevó a la conclusión de que la cría y matanza de animales era más productiva que el enorme esfuerzo de la caza. Así que, con el tiempo, el humano llegó a no necesitar cazar a otros animales para seguir viviendo. Mejor criarlos y matarlos en masa. Sin embargo, tantos siglos de caza dieron al hecho un valor en sí mismo, y lo que en principio fue necesidad, luego se convirtió en placer. Volver a sentir la alegría del que tiene a un animal abatido a sus pies, del que siente su superioridad con la muerte del adversario. Y si ese placer fue al principio por conseguir comida luego fue por conseguir la victoria, por sentir la superioridad de la inteligencia, o la atracción de la sangre derramada. He aquí a alguien sintiéndose el rey del mundo mientras un enorme ciervo, o un gran oso, o un toro (en el fondo el toreo también es una caza), antes tan llenos de vida, ahora agonizan a sus pies con la boca entreabierta, nadando en su angustia, presos para siempre de la muerte. Porque esa, la muerte, es el único trofeo que dan en la caza.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 25/09/2020 a las 05:09h.