09/09/2007

LAS ESTRELLAS

Una avenida extensa invadida por una niebla que lleva escrito el invierno en su cara. Luces amarillas de farolas perdidas. En los balcones las gotas de agua se van convirtiendo en rocío. La soledad es inmensa y el silencio envuelve las casas con sus brazos interminables, con su manto de nostalgia y su color de ausencia. Suena Puccini. “E lucevan le stelle”, y lucían las estrellas encima de la niebla. Sus luces eran últimos alientos del universo. La voz se asienta en el vacío de la avenida oscura. No se sabe de dónde viene, si desde aquella ventana abierta que deja escapar un espasmo de luz que engulle la niebla o desde el pub irlandés que tiene sus neones a máxima potencia y abren la niebla con un estallido de luminosidad. Lo que sí está claro es que es de Luciano Pavarotti. Domingo canta como nadie a Puccini y “E lucevan le stelle” es quizá el tema que más se adapta a su la potencia de su voz invasora. Cuando la cantó en el teatro de Verona algunas personas de las primeras filas comentaron que su tono fue tan alto que se les quedaron vibrando las entrañas. Pero la voz de Pavarotti es como de otro mundo. Su naturalidad es tan endiablada que parece surgir sin esfuerzo, como le surgía la música a Mozart. En aquel triste y romántico ambiente la voz de Pavarotti transporta una nostalgia que nace de algo que está más allá de los recuerdos. Joder, si alguien es capaz de cantar así, es imposible negar la existencia de dios, dice alguien. Porque esa voz sólo puede ser divina. Mientras suena y se hace dueña del paisaje urbano es capaz de hacer sonar nuestra más profunda sensibilidad. Dios hace al poeta con cara de carnicero y al carnicero con cara de poeta, dijo una vez Wilde. Pienso en esa frase al ver la tosquedad exterior de la imagen de Pavarotti. Sin embargo, era bello. Tenía la belleza de un corazón tan grande y tan dulce como su sonrisa. Y lucían las estrellas y el gran artista cambiaba de escenario. Ahora cantará a los santos en el cielo y a los herejes en el infierno. Dará el do de pecho en su nuevo y misterioso país mientras las jerarquías del más allá se sacan ya el abono para su nueva temporada.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 26/02/2020 a las 17:02h.