04/09/2005

El futuro

Decía Clausewitz que la clave de las victorias está en resaltar los puntos débiles del enemigo y en poner en juego los puntos fuertes propios. También en no desperdiciar esfuerzos en acciones inútiles, pues se hurtan para las que realmente son de provecho. Clausewit fue el padre ideológico del marketing americano. Hace años, diversos estrategas de la economía se dieron cuenta de que el mercado no es realmente otra cosa que un campo de batalla en el que los diversos ejércitos ponen en juego sus estrategias. Por eso, gente tan importante como Howard o McCarthy, de las universidades de Columbia y Michigan, e incluso la mismísima American Marketing Association, llegaron a decir que el mejor libro que existía sobre marketing no era de ningún profesor de Harvard. Era el que escribió un general prusiano en su retiro, Kart von Clausewitz, titulado “De la guerra”, obra en la que describió los principios estratégicos en los que se han basado todas las guerras triunfales. Los yanquis, que son quienes han desarrollado realmente el marketing, esto lo vieron desde el principio. La competencia no es otra cosa que una batalla, sin armas claro. Esta evidencia la comprobamos al observar los términos militares que se usan en publicidad: impactos, campaña, estrategia, posición… Incluso, las grandes empresas se organizan desde esta perspectiva: divisiones, compañías, unidades. Por esta razón, siempre aconsejo a mis amigos empresarios que lean el libro de Clausewiz y después pongan en práctica sus enseñanzas en el negocio. A todos los que se lo he dicho me han comentado que les ha funcionado. Pues bien, creo que en donde nosotros somos realmente alguien (en España y en Europa) es en el sector agroalimentario. Ahí está nuestra fuerza. En más de un producto somos líderes productivos. Y desde el punto de vista del territorio y la población, este sector (primario y secundario) es el que ha de solucionar nuestro futuro y el de nuestros nietos. No quiero decir que en otras áreas no se haga nada, por supuesto, pero sí que debemos grabar el principio de Clausewitz en las torres de nuestras iglesias. Al menos, para que no se desvíe demasiado la atención.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.