27/10/2004

Animadoras

Pocas diferencias existen entre ver un acto de las elecciones estadounidenses y un partido de la NBA. Ambos están llenos de ruido, luces, público enfervorizado, animadoras y actores de Hollywood. La diferencia es que en un caso la gente aplaude una asistencia de Kobe Bryant o el estallido de un mate de Kart Malone, y en otro, cualquier opinión de presunto ingenio del candidato que suele “orgasmar” al sentir el viento de las carcajadas moviéndole el tupé. Y digo presunto porque el ingenio que he escuchado a los políticos yanquis ha sido siempre presunto. Aunque, en verdad, eso no es óbice para que la simplicidad de la manada estalle en gritos y carcajadas y se miren unos a otros satisfechos por la brillantez de su orador. Y es que da la sensación de que, se diga lo que se diga, en los mítines yanquis el orador siempre es brillante. Se nota más cuando el pelotón de “barbies”, seriadas con scanner de color, sueltan palmaditas de placer y demuestran con sus sonrisas bobaliconas y adolescentes que no hay que ser demasiado inteligente para presidir a los USA. Quizá esa escasez, también presunta, sea requisito “sine qua nom” para llegar a los altares de la Casa Blanca, como el catalán en las oposiciones de Maragall. Hoy en día si no se habla catalán no se trabaja para Carod. Pues en yanquilandia si uno es algo culto nunca llegará a presidente. A lo más que podrá aspirar es a hacer películas independientes, parecidas a las de Woody Allen o Mikel Moore.

Pero digo yo que la diferencia básica entre un mitin de aquí y otro de allá es ese asunto de las animadoras. Allá las uniforman y aquí van de paisanas. Allá las ponen en las primeras filas del público y chillan como pijas redomadas, pegando saltos de rana y jurando mil veces por Snoopy y aquí las ponen al fondo del escenario, sentadas, serias, meditabundas, escuchando con suma atención la oratoria del candidato. Lo cual, obviamente, no ha de querer decir que aquí los candidatos sí puedan ser inteligentes. Aunque, seguramente el hecho de que un candidato sea inteligente es más una cuestión de azar que de decisión del partido. Los candidatos, como vemos en los yanquis, han de ser sobre todo estereotipos. El de Bush es claro e indica el ruralismo conservador: palabras cortadas, estilo directo, retador, manos laboriosas y mirada algo bellotera. El de Kerry también: el estigma de Kennedy en los ojos, algo de Clinton en la sonrisa y cara de cacahuete, en homenaje a Carter. Ea.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.