10/06/1994

El desaguisado nacional (segunda parte)


Pocas cosas existen tan aburridas como un debate entre Morán y Matutes. Es simplemente el reflejo de ese tecnocratismo oscuro que rodea al invento europeo. A esta Europa que lleva décadas naciendo no la hacen los debates, ni las elecciones, sino funcionarios ocultos bajo ese cielo infinitamente gris de Bruselas. Dicen que Bruselas es la ciudad que mayor cantidad de suicidios, en términos relativos, tiene del mundo. Es comprensible. Bajo el pálido neón de los despachos interminablemente numerados es fácil perder la noción de la realidad y creer que el mundo es una fórmula algebraica de reglamentos y disposiciones. Como nos descuidemos, nos van a hacer una Europa Orweliana y ya no será posible dar marcha atrás. Los controladores serán controlados por quienes debían controlar.

Antes era distinto. Europa era una idea casi utópica, una ilusión colectiva, una reminiscencia del mejor humanismo de la Revolución Francesa. Ahora es una operación de suma y resta, y cupos, y términos ininteligibles. Por eso, Matutes y Morán parecían hablar de otra Galaxia. Y aburrieron joder. Vaya que si aburrieron. Aburrieron más que una sardana, más que una ópera televisada, más que la retransmisión en directo de una sesión de la Conferencia Episcopal. Bajo las destellantes luces del self debieron dormirse hasta las cámaras.

Matutes parece un contable sacado de “La Saga de los Rius”. A su garbo sólo le falta los manguitos, la pluma y el libro del debe y el haber para ser el protagonista. Y Morán, con ese aspecto de abuelo de “La Familia Monster”, parece un intelectual a la antigua usanza, rallano en la utopía perdida de la “Escuela de Franfurt”.

Así que aquello, por llamarlo de alguna manera, generosamente, fue el debate entre el contable y el filósofo. Uno a los números y otro a las ideas. Pero sin entretener al respetable que eso es lo que ahora quiere la gente. Enseñar deleitando, que se llama.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 28/01/2022 a las 09:01h.