15/06/1994

Un hilo de esperanza


“Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, ya que no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”. El consejo es de Cervantes, propietario de una vida azarosa, plena en infortunio y desdicha.

Debieras, lector, guardar estas palabras, mantenerlas en un lugar visible. Pues a todos nos visita alguna que otra vez el indestructible espectro del infortunio. Somos un débil barco en la tempestad. Mas ésta, como nos dice Cervantes, no ha de ser perdurable. No pueden las curvas del crecimiento económico mantener un interminable descenso; ni el desempleo crecer hasta límites infinitos; ni la desconfianza en el futuro ser un habitante asiduo de nuestros hogares.

No pueden las heladas nóminas permanecer eternamente en el congelador. Seguro que vendrá una época de esperanza. Seguro que estos años grises se irán de nuestra mente; serán, a lo más, la pequeña parte de un gráfico que traza una curva hacia fondo y que luego se eleva. Todavía estamos aturdidos por la borrasca, agarrándonos al mástil, pero comienza a rasgar un rayo de luz en las nubes oscuras.

Ya ves, lector, habiendo durado el mal, el bien habrá de acercarse. Nos lo dice Cervantes desde las agobiantes cavernas de la Edad Media. Y yo le creo. Más que a Rojo, a Solbes, a la OCDE o al BBV. Porque ellos yerran en sus previsiones y revisan simplemente a la baja la ilusión. Pero Cervantes no. El genio dibujó una vez la esperanza desde el alma de los siglos, y escrito está para siempre.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 02/07/2022 a las 07:07h.