10/07/2022

UN DÍA FELIZ

Hay días que son como pastillas efervescentes, de ellos no quedará ni el hálito de un instante, nada. Uno no sabe si acaso vivirán en la oscuridad tintineante del inconsciente, o como diría Bécquer, donde habite el olvido. Otros días sin embargo se agarran con uñas fieras y bellas a las tapias de la mente. Encienden velas que iluminan el recuerdo y no quieren morir. Hacen sonar cánticos de eternidad asociados a su gozo. La mayoría de los días serán engullidos por el voraz desierto del pasado, mientras miramos al cielo azul, que es el futuro, donde el destino mueve sus aves, sus nubes y sus tormentas. Pero por fortuna otros no. Como fue para mí el sábado pasado, día que no irá al basurero de la memoria, sino que mientras viva se quedará en el mapa de mi alma.

El destino, que casi siempre tiene nombre, en este caso José Antonio Prieto, presidente del Ateneo de Almagro, fue su hacedor. Me propuso presentar mi antología poética, El corazón de la muerte, y Madre, ambos de Hiperión. El segundo había sido publicado en 2021, pero la maldita pandemia, devoradora de sueños y proyectos, evitó presentarlo en público, al menos como yo pensaba que debía hacer, sin limitaciones, porque Madre es para mí un libro que atrapa el corazón del lector. Si, como dice George Perec, los verdaderos personajes de una novela son el autor y el lector, y la novela es lo que sucede entre ellos, este libro, Madre, lleno de historias que el lector puede considerar como suyas, es la mejor novela de amor que pudiera escribir con el lector.

Y lo que me pasó después es para darle al destino un abrazo interminable. Como se celebra el Festival de Teatro Clásico de Almagro, se acordó buscar algún actor que le apeteciera recitar alguno de mis textos. Por extrañas casualidades apareció la posibilidad de que lo hicieran Carlos Hipólito y Manuel Galiana, además por primera vez juntos. Ambos conocían mi obra y se manifestaron encantados de recitar textos de Madre, libro que conocían y del que les encantaría declamar una selección. No cupo en mí el gozo. Galiana e Hipólito están entre los diez mejores actores de España, y como recitadores no tienen igual.

Pues bien, se produjo el recital, y nunca vi algo igual. La gente aplaudió mucho tiempo cada texto, todos, y se creó en el salón, lleno a rebosar, una bellísima comunión entre arte y público. Fue una hora de arte puro. El público quiso que durase mucho más. Mis textos, ya de por sí con una carga sentimental enorme, y sus voces maestras en el recitado inundaron de alma aquel salón. Hay días que uno quiere que duren más, y si uno escribe y ve y oye sus textos recitados por estos dos monstruos de la escena lo que quiere es que ese día no se acabe nunca, que tenga un tenue chispazo de eternidad.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 07/10/2022 a las 15:10h.