12/11/2003

El ser y la manzana

Me asomo con cierto escepticismo al complejo mundo de las enfermedades laborales. Las hay para todo tipo de gustos, lleven o no su correspondiente anglicismo. Mi vecino dice que la única enfermedad laboral que existe es la del trabajo, la maldición bíblica que persigue al primate desde que el antecesor cogiera la maldita manzana. Digo yo que no es justo que por aquella débil osadía nos echaran del hotel gratis total del Caribe en el que vivíamos felices comiendo perdices. Si fuésemos señoritos andaluces, me dice el vecino, de los de fino, siesta, tablao, discoteca y Fitnes, no tendríamos maldición bíblica, Manuel, se ve que en las maldiciones bíblicas también hay clases. Pero el trabajo no es un castigo, pardiez, le respondo: Schiller decía que dignifica a la persona y Voltaire que el no tener nada que hacer es el peor de los estados del hombre. Bueno, me refuta, conozco funcionarios que no tienen nada que hacer y se les ve en un excelente estado, como mínimo en el que paga sus sueldos, he aquí que no todo lo que dijo Voltaire es cierto. Y además te digo con Schiller, continua, que los señoritos son muy dignos, todo el santo día ocupados en su ocio; se podrá decir que no producen, pero no que no trabajan, pues es sumamente trabajoso levantarse cuando uno podría estar todo el santo día tumbado amodorrándose poco a poco en una especie de tantra interior dulce y meloso. Cuando dice esta última frase, repite con sus labios gordos el gonggg interminable del budista.

Pero, en fin, al margen de los señoritos, pienso que aquello del trabajo fue una maldición más síquica que bíblica. Ahora, después de no sé cuantos siglos, se ha descubierto. El número de enfermedades mentales que se producen en determinados trabajos es importante. Por el mobbing (hostigamiento sicológico), o el burn out (síndrome del profesional quemado), el acoso o el estrés se llega al nerviosismo, la tristeza, el insomnio, la angustia... En definitiva, a la depresión. Antes, si uno le decía al médico que su trabajo le deprimía, el galeno le denunciaba ante el juzgado de guardia. Hoy los porcentajes son importantes. Y eso que no se toma en cuenta la enfermedad más real de todas, la del empleo basura. Sí, ese en el que alguien se parte la espina dorsal echando horas sin derecho a mobbing o a burn out, y luego es carne de cañón de la voluntad del empleador. A esto del empleo basura deberíamos buscarle un nombre inglés, para que los sicólogos lo tengan en cuenta. Aunque, si se dieran de baja por depresión los subempleados, este país se paraba y luego a ver cómo se pagaban los sueldos públicos de los funcionarios deprimidos. En fin, que en esto de la depresión, también hay clases. O sea.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 26/02/2020 a las 17:02h.