03/07/2021

EL AÑO DE UNAI SIMÓN

EL OBSERVADOR

Hasta el último hilo de la madeja del tiempo, hasta la última fibra del nerviosismo se soltó cuando marcó Oyarzabal, recordándonos (ojalá sea una premoción) aquel penalti de Fàbregas a Italia con el rostro pálido y diciéndose venga vamos a hacer historia. Millones de ojos se clavaron en Oyarzabal mientras iba a recoger el balón. Antes, el corazón se comprimió en un puño, y en los veladores de una bella tarde de verano los rostros que miraban la gran pantalla se temían lo peor. Desde el momento en el que hubo que lanzar los penaltis, la gente sentía que haber desaprovechado la oportunidad de ganar contra diez, durante mucho tiempo, tendría su castigo. Y qué otro, viendo lo perverso que es el fútbol, podría ser que caer en los penaltis generando la máxima decepción posible (en el fútbol hay un duende caprichoso y burlón que le gusta llevarlo todo a los extremos).

Pero a veces, las más, el fútbol es justo. No se merecía Busquets pasar una noche de insomnio dándole vueltas a qué hizo mal para que aquel balón fuera al palo. No merecía España perder, porque en ese partido denso, estrecho, poco vertiginoso, España siempre intentó el gol, mientras que los suizos solo querían galopar en terribles contraataques para horadar el territorio de Simón. Apenas crearon una o dos de peligro. Y otra vez, nuestro segundo, o primer Simón, salió al rescate cuando el llanto, la estupefacción y la tristeza de los niños no se habría apagado ni con ávidas golosinas. Simón, el otro Simón, nos salvó de una pandemia de tristeza.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 20/09/2021 a las 06:09h.