28/06/2020

FANTASMAS

Toda una época yace sepultada bajo el follaje maldito. Y se hunde en un eterno olvido. Lo que ayer fue monumento, será mañana polvo. Sólo unos pocos emergen de las tinieblas, donde miríadas de seres que un nombre tuvieron son ahora anónimos y ni siquiera se pudren. Así dice un poema de Byron. Me viene a la cabeza el poema mientras observo que se derriban estatuas, pintan de rojo monumentos, destrozan símbolos que fueron luces de la historia y ahora, en un revisionismo atroz, quieren volverlos ceniza. La verdad es que la historia no existe, como decía Emerson, solo existe la biografía, una biografía perdida porque los hechos siempre son distintos en la memoria de lo que fueron. Jamás me creí el ensalzamiento del imperio, porque, aunque éramos el país más poderoso de la tierra, y no se ponía el sol en nuestros dominios, como decía Quevedo tampoco se ponía el pan en todas las mesas. Nuestro imperio, como todos los imperios, fue injusto, porque durante mucho tiempo la conquista fue la única manera de irradiar la civilización que emanaba de las sociedades más desarrolladas.

Los romanos llevaron la ley y las infraestructuras al mundo, pero también la esclavitud y la impiedad. Así como Napoleón quiso, como muy bien dice Tolstoi, llevar las ideas (igualdad, fraternidad…) de la revolución francesa a Europa también llevó el sometimiento tiránico, el poder despótico. Inglaterra aumentó su imperio convirtiéndose en experta en genocidios, en muchas conquistas arrollaron a los pueblos autóctonos y con ello posibles quejas futuras. Ni un solo imperio aguantaría un revisionismo humanitario, porque solo es a partir del siglo XVIII cuando la razón se convierte en fuerza suficiente para vencer. Las legiones romanas, o los tercios españoles, o los ejércitos de Alejandro Magno o Darío el Grande son las agencias de inversión hoy dominadas por capitales financieros internacionales que llevan sus huestes monetarias a cualquier lugar del mundo. No hace tanto que la guerra era la única manera de convencer.

Por eso me parece un error ver el ayer con ojos de hoy. Destrozaríamos toda la historia. Cuadros de Velázquez, Goya, Ticiano, Miguel Angel… en los que abundan verdaderos sátrapas, deberían ir al fuego como quieren enviar ahora a Colón, Fray Junípero Serra o Fray Bartolomé de las Casas…Quizá la mayor crueldad humana sucedió durante la construcción de las pirámides de Egipto o cualquier inmensa catedral que hoy nos deslumbra. No se pueden derribar fantasmas. Las estatuas y los monumentos representan lo que fue, y porque se derriben lo que fue no dejará de haber existido.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 10/08/2020 a las 09:08h.