15/09/2017

ROMPER UN SUEÑO

LAS CUATRO ESQUINAS

SEPARATISMO, ADIÓS, NOCHE, NUEVE

ROMPER UN SUEÑO

España vive un sueño mundial deportivo que nos engrandece. Somos conquistadores del deporte. Futbol, baloncesto, tenis, motociclismo…y así hasta llenar un amplio mural. La clave es que todo un país lucha unido, y que en el año 92 hubo dinero, trabajo, ideas e ilusión. Lo triste ahora es que los separatistas catalanes echan las cuentas de lo que es solo suyo. Es un análisis miserable. Pues los campeones se forjaron por todo el territorio nacional. Dentro de su tribu habrían desperdiciado su talento. Ni los catalanes ni los madrileños, andaluces o castellanos compitiendo en su región habrían llegado tan lejos. Se habría minimizado su fuerza. Pero juntos hemos conseguido uno de los sueños más hermosos de la historia. Romper ahora esa fuerza es el acto más bobo que pueda imaginarse.


LA ÚLTIMA PEDALADA

Lo vi comerse el asfalto como el que sabe que ya nunca más será lo mismo, que la vida será otra y tendrá que decir aquello de que hoy es el primer día del resto de mi vida. En los primeros dedos del cielo del Angliru estaba la mejor despedida, una corona de nubes para el campeón. Abajo un monte pelado y una carretera que se retorcía por las lomas. Contador iba exhausto. Miraba hacia arriba y el camino interminable caía como una maza sobre sus músculos y esperanzas. Pero le quedaba pedalear con el alma. En el cerebro hay un depósito de reserva que se abre cuando toda la fuerza se disipa. Después de tanta alegría y tanto esfuerzo, de haber puesto una vida sobre los pedales, había que acabar con grandeza. Y Contador lo hizo. La última pedalada la dio con el pecho. Hasta siempre campeón.


NADAL EN LA NOCHE

Tantas noches viendo a Nadal con los párpados pesarosos, olvidando que al amanecer sonará el maldito despertador. Tantas horas sentado en la soledad de un salón en penumbra, oyendo afuera el rugido de los camiones de basura, molestados los ojos por las luces amarillas que irrumpen sobre la luz azul del televisor. Da igual todo. Pocos momentos puede haber tan apasionantes como el de ver jugar a Nadal. Hasta las farolas quisieran meterse dentro de la casa para ver el partido. Es un impagable privilegio. Golpes y golpes en la sombra. La furiosa derecha. El revés largo como una luz del atardecer. Las dejadas rompiendo el esqueleto de Anderson que va con sus zancudas piernas cada vez más devorado. Y al final la victoria. Merece la pena hurtar horas al sueño para ver a Nadal.


EL GOL ES LA VIDA

Las palabras se me calientan en la boca para hablar de Cristiano Ronaldo. Solo con el verbo caliente se puede captar su juego. Su temperamento aguerrido agiganta su fuerza. Crea una red a su alrededor que impulsa a la lucha. Cristiano rompe con su voracidad el aburrido sosiego, inyecta adrenalina en sus compañeros, levanta de los asientos al público. Es como aquel jefe de la pandilla que infundía ardor al grupo para aguantar la lluvia de piedras y conquistar la esquina. Es Braveheart en el campo. Ni hay enemigo pequeño ni hazaña imposible ni gol que sacie su hambre. Por eso el miércoles en la Champions pudieron ser cuatro o cinco y nadie se habría extrañado. El gol es vida y Cristiano es el elixir que levanta a los adormecidos. Ahí está el nueve, el mejor y único, el más grande.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 24/09/2020 a las 09:09h.