26/03/2017

UNA HISTORIA DE AMOR

Sentir que estaré toda la vida contigo en un segundo hermoso que no se quiere acabar, que si me miras con esos ojos tan grandes como el cielo, o me acaricias con esas manos tan suaves como las nubes, seré la mujer más feliz de la tierra. La extensión de miseria que nos envuelve se difumina como la noche al amanecer porque sé que me amas, porque sé que te amo y por eso esta tierra maldita se vuelve un bosque en el que hay un lago con una barca que nos espera para alejarnos de aquí. A veces pienso que no sé cómo se puede sentir amor entre tanta miseria. Pero a pesar del dolor interminable, mirar tus ojos y sentir que aceptas mi mirada es lo único que consigue que pueda seguir deseando la llegada del día, que vea hermoso el sol cuando se pierde entre los árboles y hace que sus hojas se vuelvan destellos, sobre todo al mediodía. Entonces imagino que las estrellas bajan a la tierra, que se quedan a vivir en la selva al menos hasta que vuelva la noche y regresen a su cúpula oscura.

Estamos olvidados del mundo. Quizá en ese mundo de afuera están ya hartos de ver un día y otro nuestra pobreza y dolor. Solo estos pocos misioneros y cooperantes, tiernos con nuestra angustia, se ocupan de que algunas cajas de alimentos y medicinas lleguen por el cielo. No son suficientes para calmar el peso de este vacío que estalla en el estómago. A diario mueren muchos niños agotados de respirar con los pulmones secos. Mueren también jóvenes y mayores que se van alejando hacia alguna sombra para huir al fin, o cierran los ojos en los brazos de los misioneros y cooperantes que nada pueden hacer para evitar que el alma se escape por sus labios. Pero además de los alimentos que caen del cielo a mí también me alimenta tu amor. Me alimenta tu mirada cada día más hundida en los pómulos. Tu delicadeza entre tanta tosquedad. Se lo digo al padre Ovidio y me sonríe. Acaricia mi mejilla con sus dedos. Me mira con sus ojos bondadosos y me dice que lo ponga por escrito.

El padre Ovidio dice que soy una poeta. Yo me río preguntándome lo absurdos que son los versos en esta miseria, en este estercolero humano. Parece que los pobres no tenemos derecho a la belleza. Solo a sentir el mazo cruel de los que dirigen el mundo. El padre Ovidio dice que lo nuestro es muy hermoso. Sois un ejemplo de que el amor puede florecer en el lugar más violento del mundo, dice. Y además, quizá porque te amo pienso que algún día los humanos desterrarán la pobreza y el amor en tierra fértil florecerá frondoso. Ahora crece entre tanto daño y lo pongo por escrito, como dice el padre Ovidio, para que la gente de la otra orilla sepa que aquí también tenemos sentimientos, que desde nuestra muerte diaria sentimos que el amor es lo único que merece la pena en la tierra, porque es lo único que en cualquier lugar del mundo nos mantiene agarrados a la esperanza.

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 02:12h.