04/12/2016

BELLEZA

Para el agudo Shakespeare cuando muere la belleza retorna el negro caos, esto es, vuelve a enseñarse la sima sin fondo de la honda tristeza, el abismo profundo de la desesperanza y de la abdicación. He recordado este mensaje del bardo de Stratford-upon-Avon mientras veía las nubes oscuras del valle de Alcudia cernirse sobre los rastrojos grises, envolver el verde oscuro de las encinas, que se intensifica en invierno, porque sobre la profunda sequedad de sus raíces el agua del cielo renueva el ciclo de la vida y de la muerte. Estoy en uno de mis lugares predilectos. El puerto de Niefla. Procuro verter en mi grabadora del Iphone los sentimientos que me invaden desde esa altura. Respiro hondo, relajo las entrañas, descanso mi mirada viendo la inmensidad de ese territorio, sierra Madrona al fondo, más allá sierra Morena, al otro lado los caminos hacia Almadén, ciudad que está buscando otra riqueza después de que las minas de mercurio echasen las cancelas. Casi todo lo que veo es naturaleza pura, salvo en el centro del valle, donde sestea una truculenta casa enorme que rompe la paz de los pájaros y el silencio del viento. No sé cómo narices dejaron que esa basta y horrible construcción humana rompiera la armonía del alma del valle.

Cada vez que viajo hacia el sur me paro en Niefla. Se lo recomiendo a mis amigos. Sé que algunos, quizá imbuidos por el texto Niefla de Cuarenta latidos, o por el poema Parada de El sueño de la vida, lo han hecho y me han contado que han sentido algo especial en aquella cima. Una amiga, Luisa Gallardo, profesora en el Instituto Dámaso Alonso de Puertollano, representó el poema con sus alumnos. Mientras veía el recital no solo sentí gozo por ver mis versos en labios tan jóvenes. Sobre todo me sentí bien porque sé que algunos pidieron a sus padres que los llevaran al valle de Alcudia, esa magna extensión de naturaleza que está en el culmen de la belleza de nuestros paisajes castellano manchegos.

A mi amigo Eduardo Egido debo esta admiración por ese valle. Con él visité múltiples espacios que te hacen sentir un gozo intenso de la existencia. Por eso ahora que viene un puente digo vayan al valle de Alcudia, suban a Niefla, miren el AVE sorteando las montañas, observen a lo lejos y sentirán una paz especial por las venas. Allí estalla la belleza con la música de un silencio que no parece humano. La Belleza es el camino del hombre sensible hacia el espíritu, dice Tomas Mann en Muerte en Venecia. En Niefla se siente ese camino. Un día de otoño, mirando el horizonte gris, recordé unos versos de keats y se los dediqué al valle: Cuando a nuestra generación destruya el tiempo tú permanecerás Niefla (…) diciendo: "La belleza es verdad y la verdad es belleza, eso es todo y no otra cosa se necesita saber sobre la tierra".

Impreso desde www.manueljulia.com el día 05/12/2021 a las 01:12h.