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DOS HOMBRES Y UN CAMINO

09/07/2011

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Ayer vi el cielo al atardecer de Belgrado. Había un escenario iluminado bajo las nubes. Había riadas de gente llenando una plaza y la luz de unas cuantas farolas estrellándose en los cabellos del gentío. Allí estaba el rostro de Djokovich. Pícaro, burlón, irónico, inteligente, qué se yo, una cara que guarda la evidencia de que no hay que fiarse mucho de ella. Bajo su sonrisa que siempre está a punto de aparecer, y a veces estalla, se esconde el mensaje de que su cerebro está calculando qué ha de hacer para ganar a lo que sea, al tenis o a cualquiera de los juegos que su corazón infantil masculló en el invierno comunista. Cuando se fueron los comunistas, llevándose el alba que nunca llegó, Djokovich tenía unos pocos sueños y un pilón de años enfrente.

Y el tiempo fue acunando los sueños y los años en la penumbra de una tierra que no tenía futuro. El niño veía la democracia, unas cuantas raquetas de tenis y el hambre que sucede al hambre, la escasez que crece dentro de la escasez, el frío de los inviernos interminables agudizando al cabo su tesón y su astucia. Siempre que lo vi jugar contra Nadal me dio la sensación de que todas sus neuronas querían vengarse del pasado, que rastreaban en la oscuridad de la mente buscando la manera de ganar a aquel Aquiles admirable. Y lo ha conseguido. Atiborrado de talento, forjarse en la escasez lo ha vuelto más que temible: terrible, inabordable. Era un gato mirando la ventana de Nadal, con las uñas fuera. Ahora es un león que no querrá dormir por si acaso lo destronan.

Aquel día, en el US OPEN, cuando se estiraba los calzones con dedos de pinza, mientras se toqueteaba los calcetines con gesto de payaso y se atusaba el cabello cachondeándose de Sharapova, después de cachondearse de Nadal, percibí que aquel tipo no le tenía respeto a nadie, y que esa falta de respeto haría que fuera a por todo sin miedo. Ya en los últimos partidos perdidos contra Nadal se veía que sólo le faltaba ordenar la cabeza, no perderse en el limbo, desarrollar una mirada de hierro que le volviera inexpugnable cuando se deciden las victorias. Lo ha conseguido. La familia ya puede relajarse.

Hoy Nadal está jugando al golf, intentando olvidarse del tenis. Pero estoy seguro de que Djokovich no se va de su cabeza. Nadal necesita la victoria más que el aire y le dará todas las vueltas posibles a la manera de volver a ganarle. ¿Es posible después de tantas derrotas seguidas? Claro que sí. En deporte, como en la vida, todo tiene un camino y sólo es cuestión de encontrarlo.

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