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TRES SEGUNDOS

13/09/2009

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Cada tres segundos se muere un niño de hambre en el mundo. Ya sé que no es cosa nuestra llevar el volante de la tierra, que somos espectadores. Pero no me parece justo que ese asunto se olvide. Y por eso creo que hay que decirlo a menudo, grabarlo con letras de hierro en el sucio y banal aire mediático de este tiempo de espectáculo. Cada tres segundos se muere un niño de hambre en el mundo. Y se muere sin que nosotros podamos evitarlo, porque los intereses creados, la genética humana, el egoísmo cotidiano, la crueldad de los malvados, la codicia de los ricos, qué sé yo, son los comportamientos que triunfan aunque otros seres humanos se marchen hacia la hambruna (como Vicente Ferrer) para que al menos no se muera un niño de hambre cada dos segundos. No, se muere cada tres, y uno ve la sonrisa de gente como Berlusconi y le da pavor y piensa si no es cierto, como decía Sartre, que de existir el infierno ha de estar en esta vida. Sí, el infierno aquí, lleno de la injusticia que significa que esos niños, que ninguna culpa tienen de cómo es la vida, se mueran de hambre cada tres segundos ante la indiferencia de los mandamases y desconociendo cómo los estómagos satisfechos miramos para otro lado porque no podemos evitarlo. Cada tres segundos se muere un niño de hambre en el mundo. Es el estribillo de una amarga canción. Una canción que debería sonar por todos lados y al acabarse dejarnos grabado dicho estribillo en las neuronas frías: Cada tres segundos se muere un niño de hambre en el mundo. Y si uno ve las risas de los mandamases en las fotografías, el G-8, el G-20, el FMI, la OCDE, la ONU, qué sé yo, se pregunta por qué se ríen estos si no son capaces de conseguir que se muera un niño de hambre cada cuatro segundos, y no cada tres. Y respecto a nosotros, aunque que no somos los causantes, sí deberíamos pensar que si aumentamos nuestras donaciones a la iglesia y a las ONG, rascándonos más el bolsillo, y si exigimos a los políticos la solidaridad del diez por ciento podría morirse un niño de hambre cada diez o quince segundos. Y no cada tres. Ya le habríamos ganado varias vidas a una hora, y muchas a un año. Y eso sí que podemos hacerlo.

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