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BELLEZA

18/05/2008

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Hace poco me preguntaban unos amigos extranjeros sobre qué era lo que yo consideraba más bello de La Mancha. Viejas lecturas cervantinas habían creado en sus cerebros una visión literaria, casi mágica, del lugar en donde Don Quinote y Sancho habían desarrollado sus alocadas y las más de las veces malhadadas aventuras. La verdad es que en un primer momento no supe qué responder. Luego pensé en Almagro o en Villanueva de los Infantes y sus grandezas de piedra acumulando la belleza de los tiempos. También pensé en cualquiera de las plazas que duermen su intimidad y soledad, dando un frescor inusitado, en las largas siestas del verano de nuestros pueblos. Pensé después en cualquiera de los pocos castillos que aún nos quedan vigilando la llanura, algunos derruidos por la garra del tiempo, pero aún en pié, y otros con la soberbia de sus piedras resistiendo los años mientras se van volviendo una parte más de la montaña. El caso es que caí en la cuenta de que todo lo que estaba pensando era producto de la mano del hombre. Y que quizá me estaba olvidando de lo que la mano de la naturaleza, o el soplo de Dios, había hecho en nuestras tierras. Y me imaginé algunos de los lugares más hermosos, y más perdidos, que tenemos alrededor, y que las más de las veces obviamos cuando nos ponemos al volante para atrapar el mundo. Las Tablas, Las Lagunas de Ruidera, El Valle de Alcudia, Los Montes de Toledo...Algunos de ellos paisajes que la tosca huella del hombre ha violado, pero otros todavía con el olor de los volcanes en sus piedras, con la adustez de lo eterno en sus rastrojos. Sin embargo, como seguí pensando, encontré lo que para mí es más bello de La Mancha, y se lo dije a mis amigos. Les dije que lo más bello de La Mancha es el atardecer, cuando el cielo decide hacer pequeños a todos los grandes pintores, cuando por un instante muestra el pincel de Dios dejando sus trazos sobre el horizonte. Un enjambre de colores intensos que forman con las nubes el mejor cuadro impresionista que pudiera imaginarse. Luego nos fuimos todos a la Atalaya, a ver el atardecer de La Mancha. Puedo decirles que se quedaron realmente maravillados.

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