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El gordo

20/07/2004

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Fue antier cuando murió Charles Sweeney. La Parca lo alivie. Por lo que veo en una fotografía, Charles era algo regordete, y si uno se fija en su rostro tiene ese talante bonachón que es el único que se le permite, en estos tiempos estéticos, a los gorditos de cuna. Además, en la foto está sonriendo, por lo que parece más bonachón todavía, como uno de esos actores que hacían la parte cómica de las zarzuelas y que solían tener un ramalazo de humanidad en cada gesto que se salía del escenario. Digamos que así, en un primer vistazo, y sin que sea uno experto en fisiognomía, Charles Sweeney tenía cara de buena persona. Incluso, aunque no tenga nada que ver, me recuerda a Moratinos, quien también tiene cara de buena persona con esos ojos redondos, la papadita tierna y su sonrisa de Disney que sabe a caramelo. Y ahora que hablo de Disney, me imagino que cuando Charles Sweeney fue niño se parecía a los de las películas yanquis: devorador de hamburguesas, tartas de manzana y cocacolas. Sería el gordito al que la pandilla ridiculizaba. Niños de las pelis que luego malcrecían con el trauma, hasta que un buen día, a veces, ya en la adolescencia, la chica descubre a un Apolo donde ayer hubo un gordito seboso. Estos son los gorditos que, como vemos en los filmes, luego se llevan a la reina del baile, o de las animadoras, quien además suele ser la novia del mejor jugador del equipo, que además es el más guapo del pueblo, jolín.

Ahora bien, si ese gordito de los filmes luego no se vuelve estilizado en la adolescencia, ¡ah maldición!, termina de asesino en serie. Con hondo sadismo suele matar guapas mocitas ilusas y zangolotinas que le recuerdan a las calabazas de las animadoras. Así suele ocurrir en las películas. Aunque no creo que Charles Sweeney, quien siguió siendo gordito en la juventud y madurez, se volviera asesino en serie, o al menos, no tenemos constancia de ello. De haberlo sido no habría pasado desapercibido al FBI o al Chérif de Massachusetts. Pero de lo que si tenemos constancia es de que cuando niño, allá en Quincy, a Charles le gustaban los aviones, porque después de la escuela no se iba a verle las bragas a las marjorettes, sino al aeropuerto del pueblo. Y tanto le gustaba la aviación que se hizo piloto. Y voló mucho, tanto que un día, el 9 de agosto del 45, le cupo el honor de pilotar el B-29 que lanzó la bomba sobre Nagasaki. Murieron más de 70.000. A la bomba, como si fuese un niño, la bautizaron con el nombre de El gordo. Charles dijo que nunca tuvo remordimientos. Vivió feliz con su currículum militar, hasta que antier, La Parca, se lo llevó al otro barrio. Como tarde o temprano a todos. En fin…

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