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El ejemplo alemán

19/06/1993

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Ahorro conocidas descripciones sobre el hundimiento de los índices económicos en este intratable y duro 93. Pero algo está ocurriendo, lo suficientemente importante, como para que nuestra tradicional eficacia en expresar los defectos del vecino o descalificar al contrincante o esbozar un catecismo con los errores del gobierno se torne en otro tipo de esfuerzo, respuesta quizá a una historia que erróneamente –según mi talante y creo que el de muchos- dice que es imposible que, en este país, se hable el mismo lenguaje aunque así lo requiera la importancia del momento.

Cuando en Alemania, el más rico de nuestros vecinos, se produce, en este último trimestre, una caída del –3,2 por ciento del PIB, un descenso espectacular de la inversión en bienes de equipo –el 14%-, un crecimiento desconocido del desempleo y el Bundesbank no sólo reta al gobierno alemán no bajando, en tan recesiva situación, los tipos, sino que manifiesta la necesidad de interpretar aspectos básicos de la Unión Monetaria, ni es histórico, ni razonable, ni electoral, andar excesivamente preocupado con las reyertas cotidianas y domésticas de nuestro día a día político.

Determinados líderes, conservadores, en la situación actual no debieran ir por celtiberia arengando a seguidores y militantes con el inicio, desde ya, de una nueva precampaña electoral cuando los ruidos y tambores de ésta que ha pasado aún resuenan en nuestros oídos. No es tiempo de andar afilando las armas de la próxima batalla, que queda lejos, o alimentando cierto ánimo de venganza electoral para cuando llegue la ocasión. Es tiempo de colaboración.

Es tiempo de unir esfuerzos, de ser capaces de afrontar, inevitablemente mediante el diálogo, carencias estructurales de nuestra economía más que incidir sobre los inevitables costos del esfuerzo de modernidad producido en estos últimos años o de la vejez, las telarañas históricas, que estas carencias tienen. La tímida esperanza en el carácter cíclico de la crisis y el inicio del levantamiento de la curva en este año ha sido rebatida por la propia CEE, temiendo que la esperada reactivación se retrase hasta mediados del año próximo.

También la OCDE se plantea la dificultad de comenzar a crear empleo antes del año próximo; a finales de este año, según su informe, el desempleo podría afectar en el conjunto de los 24 países que la componen a 36 millones de personas, superior al máximo histórico del 83 –30 millones- y más de la mitad parados de larga duración.

En nuestro país, a diferencia de Estados Unidos –0,6 por ciento del PIB- o de la Europa comunitaria –1,6- sólo se genera empleo neto con un crecimiento del 2,5 por ciento del PIB.

Estas son razones más que suficientes para que hablemos únicamente del pacto social, o pacto por el progreso, o pacto por el futuro, la terminología es lo de menos. Lo importante es que nadie se siente en la cada vez más necesaria mesa ovalada del debate con un recetario propio de principios irrenunciables que nos haría perder otra oportunidad histórica... y cada vez van quedando menos.

En una situación preocupante, pero más dulcificada que la actual, hace unos meses, en Alemania, quien seguramente no tiene mayor necesidad que nosotros de afianzar su futuro, sino al contrario, el gobierno y la oposición firmaban un pacto de solidaridad con el objetivo de construir unos cimientos sólidos para reemprender el crecimiento económico en lo que queda de década. De una manera absolutamente constructiva, gobierno, interlocutores sociales y oposición establecieron un pacto social que afectaba a medidas salariales que mejoraran la competitividad de la industria de sus empresas, así como compromisos de inversión privada y un pacto institucional que afectaba a medidas fiscales, presupuestarias, sociales y laborales encaminadas a hacer factible el progreso colectivo.

Por mucho que moleste a defensores de la “sique” celtibérica y de los eternos valores del tercermundismo hispano, hora es ya, creo, de que vayamos siendo, en algunas cosas más alemanes que latinos si somos conscientes de qué es la Unión Europea y queremos prosperar en ella.

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