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EL DISCURSO INFINITO

20/09/2020

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No dejo de ver políticos hablando a todas horas. Me levanto, y aún con las ojeras pesando como dos planchas, ardiendo mis labios por el café, me despego las pestañas y miro a la tele y veo a un político. Siempre hay uno, como mínimo, y en general rodeado por los tertulianos, que suelen ser políticos embozados, y que están nerviosos por preguntar (unos con el botafumeiro y otros con el puñal). En general el susodicho político suele estar dándonos instrucciones muy circunspecto: la mascarilla, cómo, dónde y cuándo, o haciéndonos partícipes de lo importante que es cumplir las normas, algunos incluso regañándonos, como el Revilla ese, que es una mezcla de abuelo cebolleta y visitante inesperado pelmazo. El tal Revilla gasta cuota de político y tertuliano, es decir, que vive en casa.

Alguna vez me pregunto si no los habrá que no caben en sí de gozo, si se sienten como en una rueda de prensa eterna, siempre con medios al lado, el centro de la atención, el sum sum corda de la vida. Antes los políticos eran una parte importante de nuestra vida. Ahora son nuestra vida. ¿Qué es el ser humano hoy? Pues nada de materia y espíritu, o esencia y circunstancia, o evolución y reflejo divino, hoy es un espectador de políticos. Antes salían más los técnicos informando (no sé, como si el jefe de la policía local hablara de un accidente en vez del concejal de tráfico), pero ante la gran necesidad que hay de consumir información, pues se han dicho que no pueden dejar pasar la oportunidad. Algunos, de tanto salir, no se dan cuenta de que empiezan a caer mal (efecto Boomerang se llama en comunicación), como por ejemplo Isabel Ayuso, la presidenta de Madrid, y el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero (pero no son solo ellos), quienes viven en un selfie permanente y se están convirtiendo en bustos parlantes agregados.

Sé que muchos pensarán que es su obligación dar la cara, y se agradece. Pero mejor sería menos cámara y más gestión. Sobre todo dejar que trabajen los que entienden sin tener su aliento en su cogote. Los atriles no pueden ser una especie de pasarela Cibeles interminable. No sé si saben que ya hay hastío, que no se les pide que estén todo el día en la tele, sino que colaboren, ayuden a los técnicos, programen, planifiquen, sean, sobre todo, útiles a la sociedad. Para estrellas mediáticas ya tenemos a la gente del espectáculo, los artistas. Los políticos deben ser como los árbitros, cuanto menos se note que están es cuando mejor lo hacen. Al revés de lo que pasa, mira.

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